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Hay temas a los que la presidenta Claudia Sheinbaum no debería regatearles su nivel de asuntos de Estado, mientras que con otras cuestiones sí puede darse el lujo de hacerlos parte de una arenga para sus seguidores partidistas.

La economía debería merecer el respeto de que las palabras presidenciales sean creíbles para todos, empezando por aquellos que entienden de esos temas, así sean no tan buenas noticias.

La escuela de la autollamada Cuarta Transformación no ayuda, este régimen se basa en el populismo de López Obrador, aquel que fue a La Casa Blanca a venderles gasolinas baratas a Estados Unidos porque durante un mes de toda su administración los precios estuvieron más bajos en México.

Eso era parte de su mundo fantasioso de los otros datos, su gente lo aplaudía, pero nadie que entendiera un poco o que le importaran esos temas tomaba al Presidente como referencia.

Dice ahora la presidenta Sheinbaum que por primera vez en la historia la economía de Estados Unidos decrece, -0.3% el trimestre pasado, y la de México crece. Nunca había pasado eso, remarca, y dice que eso es posible porque cambió el modelo.

Defender el libre comercio como lo hacen no es precisamente un cambio de modelo, es lo acertado, pero es una actitud de tecnócratas.

Y está claro que la suerte de la economía de Estados Unidos es el destino de la economía mexicana, por más que las estadísticas permitan presentar resultados trimestrales del Producto Interno Bruto (PIB) que no engañan a quien los entiende.

A lo dicho en el mitin del fin de semana se suman las cuentas de la Secretaría de Hacienda que hace cálculos de cómo con la buena voluntad de un supuesto plan contra cíclico el PIB podría crecer un increíble y deslumbrante 2.7 por ciento.

Otra de las expectativas fantásticas del gobierno es que Donald Trump se relaje, se aclare el panorama comercial, se renegocie rápidamente el acuerdo comercial trilateral y que dentro de dos meses arranque el segundo semestre con un renovado panorama de nearshoring para México.

No ayuda hacer proyecciones inalcanzables como tampoco aporta descalificar las estimaciones que desde el gobierno se ven pesimistas y como malintencionadas de organismos internacionales.

No todos los que tienen una forma diferente de enfocar las cosas a la visión oficial son enemigos de la patria.

La realidad es que en lo que va de este régimen, el marcador entre los pronósticos oficiales y los de analistas autónomos va cinco a uno. Cinco aciertos de los analistas, por uno de la Secretaría de Hacienda.

Si en el gobierno federal están decididos a que las palabras oficiales sean para consumo electoral de la clientela, serán fieles al sello de la casa, pero serán atendidos sólo por la feligresía a la que después habrá que argumentarles que alguien más fue responsable del incumplimiento.

Pero, los tomadores de decisiones seguirán buscando información en otras fuentes.

Lo importante, en todo caso, es que la autoridad fiscal tenga dos escenarios, el de las mañaneras y el de las expectativas reales, sobre todo porque tienen un enorme déficit presupuestal que corregir y depende en buena medida de los resultados económicos para que pueda ser efectivo.