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Pésima semana para la 4T, a decir de algunos columnistas. A las protestas por el recorte de fondos en las guarderías, se sumaron las críticas por los nombramientos en el Conacyt y las propuestas para la Comisión Reguladora de Energía. Siguieron los cuestionamientos a la Guardia Nacional y la “decepción” de bancos y calificadoras internacionales por el plan de rescate de Pemex.

En otros tiempos, estas noticias hubiesen puesto de cabeza al gobierno, pero no ahora. Si bien hubo marcha atrás en las designaciones en el Conacyt, ante las quejas el presidente López Obrador más bien se echó para adelante; contraatacó y puso nuevos temas sobre la mesa.

Con el descrédito del pasado a su favor, el gobierno ha logrado encuadrar el debate en el plano de los valores. Todos los días, el Presidente impone una fuerte carga moral para tomar distancia de sus antecesores y posicionarse frente a los “antivalores” del neoliberalismo, al que atribuye los males presentes.

Para las mayorías cansadas de la corrupción y la arrogancia de la tecnocracia, lo importante no es la consistencia de las políticas públicas ni los méritos de los funcionarios. La exaltación de la ciencia, el dato duro o las credenciales académicas ya no les dicen nada. Es el discurso del bien contra el mal con el que hoy conectan.

En la memoria colectiva lo que queda del pasado es la corrupción y la indiferencia. Y son esas fibras las que el Presidente toca con gran naturalidad. Frente a la lógica de la maximización de rentas, el individualismo a ultranza y el elitismo tecnocrático, el Presidente fustiga, condena y, a cambio, ofrece honestidad, empatía, cercanía y cobijo.

En estas condiciones, los juicios de los opinadores no permean socialmente. Ni la conexión del discurso del Presidente con el hartazgo ni las expectativas de la mayoría de los mexicanos se rompen por un mal nombramiento o por lo que digan calificadoras y críticos.

La divergencia entre el foco de atención de la mayoría de los mexicanos y la crítica publicada da al gobierno un amplísimo margen de maniobra en este momento. Imposible predecir cuánto se prolongará este escenario y si, al final, alguno de los enfoques habrá de prevalecer.