Una elección de efectos largos

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Héctor Aguilar CamínDía con día

reo que tardarán en asentarse los efectos de la elección del 6 de junio, una elección que redibujó el poder territorial del país y el peso relativo de sus partidos y coaliciones. Si se piensa la elección del domingo como un referendo a favor o en contra del gobierno, está claro que lo perdió el gobierno, porque los votos de la oposición fueron más que los votos del gobierno. Si se piensa como una elección para darle al gobierno la capacidad de cambiar con sus aliados la Constitución, también la perdió el gobierno. Esto impide que el gobierno vaya por algunos de sus caminos anunciados, como rehacer el INE, para lo cual necesita mayoría calificada.

reo que tardarán en asentarse los efectos de la elección del 6 de junio, una elección que redibujó el poder territorial del país y el peso relativo de sus partidos y coaliciones. Si se piensa la elección del domingo como un referendo a favor o en contra del gobierno, está claro que lo perdió el gobierno, porque los votos de la oposición fueron más que los votos del gobierno. Si se piensa como una elección para darle al gobierno la capacidad de cambiar con sus aliados la Constitución, también la perdió el gobierno. Esto impide que el gobierno vaya por algunos de sus caminos anunciados, como rehacer el INE, para lo cual necesita mayoría calificada.

No sabemos qué efectos tendrá esta limitación sobre la Suprema Corte, que tiene pendiente resolver querellas constitucionales sobre casi todas las leyes claves de este gobierno.

Ayer el gobierno le colgó otro pendiente: publicó la Ley del Poder Judicial que amplía por dos años, mediante un transitorio inconstitucional, el tiempo para el que fue electo por sus pares el presidente de la Corte .

Desde el punto de vista electoral, puede decirse que la elección del 6 de junio regresó al país la fuerza de la pluralidad política.

Pinchó la burbuja de la hegemonía invencible del gobierno. Desde el punto de vista territorial, una manera de ver las cosas es que el gobierno se quedó con la costa del Pacífico, salvo Jalisco, con la costa del Caribe de Quintana Roo y con casi toda la costa del Golfo hasta Tamaulipas.

En parte, ya tenía todo esto. La oposición se quedó con los grandes centros urbanos (Monterrey, Guadalajara, Puebla, el poniente de CdMx hasta Toluca), lo cual, refleja la rebelión de las clases medias. Estas son tendencias claras en los votos del 6 de junio, votos de una legitimidad que estrena ropajes.

Esto va a durar. El gobierno empieza su segundo periodo. Pasaron su juventud y su primera madurez.

Empieza su salida. No hay euforia por el gobierno, dice Héctor de Mauleón. Esto es quizá lo fundamental: el gobierno no ganó de nuevo las ganas de creer del país.

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