Pandemia por coronavirus (Cobertura especial)

Toro sin cerca y Palacio cercado

Rafael-Cardona

Rafael CardonaEl Cristalazo

Pero muchas explicaciones ruedan por el piso. Sobre todo cuando se miente o se quiere engañar

 

Libre de corraletas, cercas o alambradas, el toro guerrerense — semoviente favorito de la Cuarta Transformación–, bufa su inpunidad tanto en los pedregales montañososo como en las arenas de la playa.

Señor de la sierra, del Filo Mayor a la Costa Chica; patriarca sin pacto, periodista sin alfabeto, amo –por mandato ajeno–, de todas las dehesas, hasta “de-esas” cuyas quejas ahora nadie atiende y el Palacio no entiende, el ungulado provoca enojos, protestas sin atención, denuncias sin rumbo legal, pero sobre todo, complicidad a puerta y lodo.

Por cuidarlo a él, terminan aprisionando el Palacio Nacional. Todos escondidos como quiso hacer Qin Shi Huan con su infinita muralla concebida muchos siglos después por el arquitecto Franz Kafka.

Si no tenemos vacunas chinas, tenemos por lo menos, copias de jugueterìa de la Gran Muralla.

Bufan los obreros con los planchones rígidos cuya dureza acoraza la calle y convierte el Zócalo de la ciudad de México en un espacio limitado, restringido. Espacio privado para el mandarín.

Aquí termina la sociedad; aquí comienza el poder, dicen los muros transportables, cuajados de cadenas, enganchados uno al otro, doblados en su extremo superior para evitar escalamientos, porque ahora no habrá ni siquiera un ex presidiario cuya irrupción nos ponga en ridículo mayor como el otro día cuando la televisión se cebó jocosa porque la insegura seguridad, permitió a un “espontáneo” mendicante tironear la manga de nuestra superior autoridad nacional, de nuestro líder, quien mañana, día del feminismo manipulado (dice èl), y todos los días como haga falta, se va resguardar de la gritería insolente de quienes actúan por instrucciones de los adversarios, malquerientes y enemigos y ahora se atrincheran –bellacos–, tras las faldas moradas y verdes del peor hembrismo, el de la hipocresía, pues de cuándo a acá nos salen los conservadores, los reaccionarios, los neoporfiristas, los “meapilas” de la derecha con esas creencias; todavía fueran “meabanquetas”, como el compañero “Toro sin Cerca”, cuya impunidad a Chilpancingo lo “a-cerca”.

No se nos van a aproximar, de ninguna manera. Aquí no corre ni el viento. No profanarán con su planta nuestro palacio, después de todo el trabajo para llegar a él. Como decían en la derrotada república: no pasarán.

Nadie puede cruzar por aquí. Hoy no se va a repetir aquella grotesca mañana del ex presidiario ni se nos va a colar otro espontáneo empujado quien sabe por quién al ruedo mañanero; como el de la semana anterior, no vaya siendo.

Ese siquiera era hombre, inofensivo en su precariedad mendicante, pero estas mitoteras del argüende patrocinado por oscuros intereses políticos, pues no; porque “…así es como toda sedición queda conjurada.

“Si se le puede hacer entender esto, la populosa bestia se aplaca, agacha la cabeza bajo el yugo. No importa que esto no sea justo, es la definición exacta de la justicia… la costumbre de ver a un gobernante acompañado de guardias, atambores, oficiales, armas y demás cosas que inclinan al respeto y al temor, hacen que su rostro, si alguna vez se ve solo, sin cortejo alguno, imprima en sus súbditos temor y respeto…(*)”

Pero todo esto proviene de una terquedad mayor. Sostener a un hombre cuya biografía es de por sí turbia, por no decir sucia, ha potenciado la furia femenina, quizá no nada más por la ceguera voluntaria y la sordera displicente ante los hechos denunciados, sino por la necedad de mantener y defender a una persona por encima de las acusaciones –no judicializadas por desdén–, y convertir la pregonada “presunción de inocencia”, en una confirmación de pureza, para llegar a la cual no hizo falta juicio alguno; solamente mi palabra contra todas las demás.

–¿Por qué?

–Porque lo digo yo.

Hace ya muchos años, en ese mismo espacio ahora cercado, el virrey de Croix dijo; a callar y obedecer.

“…estando estrechamente obligados todos los vasallos de cualquiera dignidad, clase, y condición que sean, a respetar y obedecer las siempre justas resoluciones de su soberano, deben venerar, auxiliar, y cumplir esta con la mayor exactitud, y fidelidad; porque S.M. declara incursos en su real indignación a los inobedientes, o remisos en coadyuvar a su cumplimiento, y me veré precisado a usar del último rigor, o de ejecución militar contra los que en público, o secreto hicieren con este motivo, conversaciones, juntas, asambleas, corrillos, o discursos de palabra o por escrito; pues de una vez para lo venidero deben saber los súbditos del gran monarca que ocupa el trono de España, que nacieron para callar y obedecer y no para discurrir, ni opinar en los altos asuntos del gobierno”.

Asi pues las “inobedientas” y “remisas” deben volver al redil de su bien hallada sumisión histórica, patriarcal y falocrática y guardar un respetuoso silencio pues no serán los chismes de tres o cuatro de ellas, la causa de abatimiento de una candidatura ni mucho menos la derrota electoral, pues a buen resguardo se tienen las faltriqueras para prodigar pesos y centavos por toda la paupérrima geografía de la desnutrición y el atraso y comprar anticipadamente cuantas voluntades y votos sean necesarios, porque para eso tenemos los programas “sociales”, ¿o no se han dado cuenta?

Pues quizá no, porque nadie se da cuenta de nada.

Son como el New York Times, periódico fifi (iningliss), voz del imperio, el cual ha osado opinar sobre FSM en términos de absoluta ignorancia.

—“¿No sabrá el New York Times que Félix (así, pues, con la confianza dispensada a los amigos o compadres, faltaba más), hace dos años y medio fue electo senador de Guerrero y que es exactamente ahora que está buscando ser candidato cuando surge todo el escándalo?, ¿qué saben los de New York Times que el acusador principal de Félix fue el exprocurador de Guerrero del gobierno del PRI (Xavier Olea, quien denunció también al gobernador de darle carpetazo a los expedientes por él investigados)”?

Pero muchas explicaciones ruedan por el piso. Sobre todo cuando se miente o se quiere engañar.

Judas no era un traidor sino hasta cuando entregó al maestro con un beso. Antes, hasta Cristo vivía engañado. Picaluga no era un felón un día antes de subir con Vicente Guerrero al barco. O mejor dicho lo era pero Don Vicente lo ignoraba.

Si Salgado Macedonio logró una elección hace años no fue sólo por él: iba montado en la cresta de la ola Morena, como tantos otros favorecidos por el resultado electoral y el voto del hartazgo, cuando no se conocían estas denuncias (aunque algunas ya habían sido presentadas). No es comparable la percepción de entonces con la de ahora. Y si estas acusaciones salen a la luz ahora, es porque en estos momentos pueden hallar una utilidad inexistente en tiempos anteriores.

Nadie le niega a Salgado su presunta inocencia. Se la niega él mismo cuando se rehúsa a una investigación, cuando no admite una investigación y se escuda o en el fuero senatorial o en el más amplio y perdurable aún fuero de la complicidad con un movimiento político al cual le inyectó recursos y para el cual trabajò duerante años desde su muy cuestionada gestión como alcalde de Acapulco y aun antes y después.

El presidente de la República, hace apenas unas horas, durante su gira por Yucatán dijo:

“…Si no hay democracia, pues siempre va a ser lo mismo mediante trampas y va a continuar la corrupción, y va a continuar el autoritarismo. Por eso, qué bien que vamos a dar este paso juntos para garantizar en Yucatán que en las próximas elecciones no haya fraude electoral […] Eso es lo que vamos también a dejar como herencia, como legado para las nuevas generaciones”.

Asceptemos sin conceder. Démosle a los programas sociales una utilidad distinta de la compra anticipada de voluntades y votos. Olvidemos la gratitud de los estómagos vacíos.

Sólo dejemos algo puntualmente escrito: la impunidad del toro Salgado Macedonio; también será parte de su legado.

*Yo El Supremo. Augusto Roa Bastos.

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