Minuto a Minuto

Nacional México enviará ayuda humanitaria a Cuba en los próximos días
La presidenta Claudia Sheinbaum detalló que su Gobierno sí enviará ayuda humanitaria a Cuba en próximos días
Nacional ONU alerta posibles maltratos en centros de México para tratar adicciones
Expertos de la ONU visitaron cárceles, hospitales psiquiátricos y centros de tratamiento de adicciones, llevando a cabo entrevistas confidenciales
Nacional Vinculan a proceso a la falsa psiquiatra Marilyn N. por dos nuevos casos
Marilyn N., quien se viralizara por hacerse pasar como falsa psiquiatra, fue vinculada a proceso por dos nuevos casos
Nacional Juegos Olímpicos de Invierno 2026: ¿Cuándo competirán los atletas mexicanos?
Tan solo cinco atletas mexicanos competirán en los Juegos Olímpicos de Invierno de Milano Cortina 2026, Italia
Ciencia y Tecnología Comisión Europea acusa a TikTok de ser “adictivo”; es “categóricamente falso”, dice la red social
TikTok dijo que la acusación de la Comisión Europea respecto a su diseño es "categóricamente falsa y totalmente infundada"

Releo El águila y la serpiente, el libro de Martín Luis Guzman sobre los años que empiezan con el golpe de Estado de Victoriano Huerta, en febrero de 1913, y terminan en 1915, cuando Guzmán sale de México, huyendo de Francisco Villa.

Guzmán ve en la figura del Primer Jefe de la Revolución Mexicana, Venustiano Carranza, todos los vicios que pueden arruinar la revolución: el personalismo sin ideas, la intriga sin sentido, la política pura y dura, la corrupción endémica.

Le concede a Carranza una única virtud: no mata, no manda matar, como parte de su ambición política. Pero ve en la figura del jefe constitucionalista algo así como la encarnación platónica de la corrupción.

El pasaje en que Guzmán eleva la corrupción carrancista a esas alturas es memorable.

Como a veces hacen los sueños, su lectura dejó en mi ánimo la impresión de algo que cruzaba de la noche al día, con una palpitación de actualidad.

Escribe Guzmán:

“La esencia del fenómeno carrancista ha de buscarse, antes que en cualquier otra cosa, en una voluntaria confusión entre lo propio y lo ajeno: confusión no para dar, sino para tomar.

“Es muy significativo que el instinto popular, tan propenso —a la inversa de lo que se cree— a equivocarse, tan dispuesto siempre a inventar heroísmos y grandezas en hombres de barro y a suponer infamias y crímenes que no existen, haya acertado de plano desde el origen.

“De Carranza, la voz del pueblo hizo carrancear, y a carrancear y robar los convirtió en sinónimos. En el carrancismo, a no dudarlo, obraba el imperativo profundo del robo, pero del robo universal y trascendente, del robo que era, por una parte, medio rápido e impune de apropiarse las cosas,  y, además, arma para herir en lo más hondo a los enemigos.

“El carrancismo fue un intento de exterminio de los contrarios impulsado por resortes cleptomaníacos”.

Cité mal en una conversación este último párrafo. Dije: “El carrancismo fue un intento de hacerse del poder absoluto por resortes cleptomaníaco”. El párrafo tuvo de pronto una palpitante actualidad. Como del sueño a la vigilia, su eco  cruzó del ayer al hoy: del carrancismo al morenismo.