Pandemia por coronavirus (Cobertura especial)

Solos

laura garza

Laura GarzaEnfoque Manual

Por eso nos fotografiamos y creamos imágenes en nuestra nueva vida, para descubrir lo bello de hacer lo más simple y vago, pero nuestro

Miramos con detenimiento, hemos aprendido a observar en pausas, como si el tiempo corriera distinto, casi como si tuviéramos conciencia que lo que vemos a nuestro alrededor puede dejar de serlo en cualquier momento.

Observamos por fragmentos y decidimos grabarlos, fotografiarlos y compartirlos en redes sociales con los más conocidos y también con cientos de miles de desconocidos, y nos hace sentir bien.

Nos hemos acercado a la imagen con una especie de nostalgia de aquellas tardes fuera de casa, de los viajes de fin de semana y de los del trabajo también. Capturamos lo que vemos con miedo de no poderlo retener en la memoria.

Nos hemos vuelto en seres que sobrevivimos con el miedo acuestas y el cansancio en el rostro, es imposible a estas alturas poder ocultar algún tipo de emoción ocasionada por esta situación llamada pandemia, a raíz de un virus que ha sido imposible de controlar, mejor conocido como el COVID-19.

Si usted y yo nos asustamos con aquellos primeros casos, y justo aquel fin de semana en donde el presidente le daba una especie de mordida disfrazada de beso a una niña, decidió tomar distancia y comenzó su encierro, entonces llevamos juntos 311 días en pandemia.

Es decir, estamos a nada más y a tan solo 54 días de cumplir un año de quedarnos el más tiempo posible en casa, de por fin tener ya un modelo de cubrebocas para el uso diario, después de haber comprado infinidad desde el año pasado.

Hemos aprendido a vivir con lo más básico, al menos la mayoría. A hablar con las fotografías colgadas, como en una especie de introspección y de deseo pausado.

Leemos más, pero más lento, el tiempo se nos ha achicado en nuestro departamento o en nuestra casa. En el comedor, en la sala, en la recámara y mucho tiempo más en la cocina; nos hemos vuelto “hogareños” sí o sí.

Susan Sontag decía que las fotografías atestiguan la despiadada disolución del tiempo, y si aún viviera, pudiera escribir un libro tan lleno de lo que vivimos en el día a día con una cámara fotográfica integrada en nuestros celulares.

Le recuerdo el dato ya mencionado en este espacio, donde tan solo en el 2020 se tomaron alrededor de 1.4 trillones de imágenes y se espera que en este año lleguemos a los casi 1.5, por supuesto que más del 90.0% capturadas desde nuestros celulares, mientras que un 7.3 % por cámaras digitales y un 1.8% desde tabletas.

Para que pongamos este inmenso número en algo real, sería como tomar una foto cada segundo por 45,544 años sin parar, es una locura.

Pero la fotografía nos ha ayudado encapsular emociones tan diversas que nos gusta retenerlas y revivirlas cada que queramos.

Por eso llegué a esta imagen por una fotógrafa suiza llamada Krisina y me pareció lo más cercano a lo que vivimos como humanidad.

Foto de Instagram/@_84kristina

 

Cuando más gente somos, poco más de 126,014,024 mexicanos (INEGI) pegaditos a un país como Estados Unidos quienes pasan los 328,239,523 habitantes y cuando tomar un avión había sido lo más sencillo del mundo, nos encontramos en nuestra habitación sin saber para dónde mirar.

El edificio donde vivimos está lleno, el de enfrente también, las casas comienzan a sufrir los daños colaterales de tener a los niños encerrados y algunos espacios a nuestros alrededores han comenzado a oscurecerse por los que ya se mudaron, se divorciaron o de quienes ya han perdido la batalla frente al Covid,

Nos encontramos solos cuando somos más de 7,700 millones de personas en el mundo. No podemos abrazar, besar y ni siquiera disfrutar de las visitas más queridas.

Hemos dejado de sentir la piel arrugadita de los abuelos, o las manos calientitas de mamá, o el abrazo duro pero siempre amoroso de papá. Hemos dejado de estar con los mejores amigos riendo a carcajadas frente a frente y también ha quedado en el pasado el olor de esa persona que nos llegaba a enloquecer.

Es una imagen realista y ruda, pero estamos con el celular en la mano y la pantalla encendida. No sabemos a dónde ir sin el miedo de un contagio propio o cercano.

Por eso nos fotografiamos y creamos imágenes en nuestra nueva vida, para descubrir lo bello de hacer lo más simple y vago, pero nuestro. Hemos dejado de crear fantasías visuales, para convertirnos también en seres más creativos y directos.

Por suerte nos hemos olvidado de los rodeos y comenzamos a aprender a ir al grano, porque no sabemos si hay tiempo, y cada fotografía que tomamos y guardamos en el carrete, compartimos por WhatsApp  o la subimos al Instagram, a Facebook o a Twitter es una especie de memento mori.

La soledad comienza a aflorar en un estilo de vida al que seguimos sin acostumbrarnos a tan solo 54 días de cumplir un año.

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