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Carlos Slim necesitó sólo de un año y medio para convertirse en la nueva estrella del sector inmobiliario y de la construcción en España. A fines del 2014 se anunció que el magnate mexicano entraba al rescate de FCC, una de las cuatro mayores constructoras españolas.

Esta semana la noticia es que lanza una Oferta Pública de Adquisición por 100% de las acciones de una empresa que facturó 6,344 millones de dólares en el 2015. En el camino, se queda también con el control de una de las grandes inmobiliarias de España, Realia, y un fabricante mediano de cemento, Portland Valderrivas.

La paradoja es que el avance de Carlos Slim en el sector del cemento y el ladrillo se produce, en gran medida, como resultado de sus dificultades para crecer en la industria europea de las telecomunicaciones. En el 2012, había lanzado una ofensiva para comprar empresas de telefonía en Europa. Parte fundamental de su estrategia era la adquisición de la holandesa KPN. En ese afán, invirtió tiempo y dinero, pero no pudo cerrar. Los neerlandeses dijeron no y le cerraron el camino. En cierto sentido, lo obligaron a buscar un plan B en el viejo continente.

¿Por qué Europa?, ¿por qué ahora? Slim es el genio de las inversiones en tiempos de crisis. Nadie como él para encontrar las joyas atrapadas en las ruinas. Lo hizo en México en los 80 y en los 90. En Sudamérica, en los 90 y en la primera década de este siglo. El millonario mexicano no había entrado con fuerza en España porque este país no había vivido una gran crisis. En otras palabras, no estaba lista para Slim.

La historia reciente de FCC se parece mucho a la de otras grandes empresas adquiridas por Slim en su trayectoria empresarial. La constructora española forma parte de la aristocracia industrial ibérica. Su fundador, Ernesto Koplowitz, hizo fortuna en la dictadura franquista. Sus herederas expandieron el negocio en la democracia, pero no supieron manejarlo cuando llegó la gran crisis. A fines del 2014, cuando Esther Koplowitz se reunió con Carlos Slim para buscar el apoyo del empresario mexicano, FCC era una empresa en virtual suspensión de pagos. Tenía más de 60,000 empleados y presencia en 35 países, pero estaba casi quebrada. Bastaron cinco horas de negociación para que Slim convenciera a Koplowitz. Él aceptó entrar al “rescate”, luego de una revisión rápida de los estados financieros. Su actitud contrastó con la de George Soros. Él había sido la primera opción de Koplowitz, pero no quiso comprometerse con la rapidez que la crisis de FCC requería. Soros insistía en acceder a más papeles para poder evaluar el riesgo legal de su intervención. Su actitud desesperó a Koplowitz y abrió la puerta a Slim. Él se quedó con la opción de comprar a precio de remate una empresa llena de activos valiosos, pero mal gestionados.

Slim ha cumplido tres cuartos de siglo, pero en los negocios se sigue moviendo con agilidad. Un asistente a la primera reunión de consejo de FCC con Slim describe el comportamiento del mexicano como sorprendente. “Tenía información detallada de los principales proyectos de la empresa y no se cansaba de hacer preguntas en una larga reunión”, recuerda. FCC tiene obras tan importantes como el metro de Riad, en Arabia Saudita, o el sistema de disposición de residuos sólidos en Dallas. ¿Por qué FCC tiene 3% de EBITDA en estos proyectos?, cuestionó. En América Latina, nosotros conseguimos 20%, sentenciaba. Luego de su diagnóstico, empezó a mover las piezas. La decisión más importante fue la sustitución del consejero delegado. Nombró a Carlos Jarque y empezó a dar la vuelta. En el 2015, FCC perdió 46 millones de euros, frente a pérdidas de 714 millones en el 2014.

La nueva empresa de Slim tiene 52% de su facturación en España y apenas 7% en América Latina. ¿Cuánto tardará en usar el músculo de su brazo español para atacar en México? Aquí tiene Carso Infraestructura e IDEAL. Son dos jugadores de nivel que podrían pasar a otra liga, de la mano de FCC. ¿Será esto parte clave de la era pos-ICA? Apuesto que sí.

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