Allá no le dirán en persona nada que no puedan por otra vía. El viaje del presidente a Cuba es sólo otro en su admiración fervorosa por el “Socialismo del Buen Vivir”. Hasta sus casi 60 años de edad, apenas había salido dos veces del país y fueron a Cuba.

Tampoco va por razones de salud: la medicina cubana está años luz por detrás de la mexicana. No tiene nada parecido al hospital Siglo XXI de la CDMX. Menos aún al Hospital Militar. Si la medicina cubana fuera lo milagrosa que dicen, habría salvado a Hugo Chávez.

Va a relajarse entre camaradas. Oír cantar en privado al amigo Silvio Rodríguez en su mansión de fin de semana (confiscada a un exiliado) de tres plantas y cinco kilómetros cuadrados de árboles frutales frente al mar Atlántico, a 60 kilómetros del ruido habanero.

Los cubanos no pueden enseñarle nada al presidente del nuevo populismo, que ya ganó casi todas las presidencias del continente, sin tomar las armas (como hicieron los cubanos), sino usando las instituciones para ganar y luego destruir esas mismas instituciones.

Vamos, hombre, si hasta existe un manual para eso que puedes ver en Netflix, mientras criticas a conservadores y neoliberales, recién llegado a tu casa en viaje de Didi, y habiendo pedido antes por Uber Eats que te lleven McDonald’s, Coca Cola y café de Starbucks.

La serie “Cómo se convirtieron en tiranos” enseña a los populistas modernos pasos muy simples sobre cómo acabar con sus rivales: decir que va a transformar al país construyendo una sociedad nueva y controlar la verdad siendo ellos quienes informen todo.

Y gobiernen mediante el miedo, con alguna institución temida, pues la tiranía es aprobada por quienes quieren resultados. Saber que “al pueblo” le encanta ser gobernado y convencer a todos de que, sólo ellos y nadie más, pueden hacerlo.

O que, si desean gobernar, tienen que creer que pueden hacerlo; poseer confianza megalómana en sus habilidades, percibirse como liberadores; convencer a todos de que sólo ellos pueden salvar al país; creerse elegidos y lograr que todo suceda según su voluntad.

También, lanzar un mensaje que genere impacto contra la corrupción, porque la gente está enojada y siempre busca a quien culpar: Por eso deben comprender de dónde viene el resentimiento de la gente, y prometer venganza contra quienes son odiados.

Para todo eso, tienen que hacer creer “al pueblo” que ellos comen lo mismo que “el pueblo”, que conducen un coche como cualquier persona “del pueblo”, usan ropa gastada como cualquier persona “del pueblo” y decir que “ya no te perteneces”.

El presidente mexicano no tiene que ir a ver a los cubanos para que le enseñen eso.

Lo sabe mejor que ellos.