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Los nuevos detalles del Caso Iguala demuestran que el presidente era mucho más auténtico en 2006, cuando perdió (porque no vendió su alma al diablo), que en 2012 y, por supuesto, cuando ganó en 2018.

En 2006 no se habría entendido con alguien como el alcalde de Iguala José Luis Abarca; así como se negó a entenderse con Gordillo, Televisa y otros poderes fácticos: con éstos hubiera ganado en 2006, eh.

Tampoco habría apoyado a los militares, a quienes, en campaña, señaló por la desaparición de los 43. Pero le ganó el propósito superior de ser presidente.

Porque hasta su propia investigación sobre el Caso Iguala (con las nuevas revelaciones conocidas9 llegó a la misma conclusión que el gobierno anterior: a los 43 los mató Guerreros Unidos y el jefe era Abarca.

Y, su investigación, corrobora el señalamiento que hizo en campaña a los militares por la masacre.

Sí, porque su pesquisa concluye que militares secuestraron a seis de los 43 y después los mataron, y desaparecieron sus cuerpos en el Campo Militar del 27 Batallón de Infantería.

Además, porque en su gira de campaña por Nueva York en 2018, rechazó enérgicamente el reclamo a su apoyo político al alcalde Abarca, que le hizo Antonio Tizapa, padre de uno de los 43 jóvenes asesinados.

Le respondió así al papá:

“Cállate. Eres un provocador. Tu reclamo debe ser a las Fuerzas Armadas, a quienes intervinieron en ese crimen”.

Sin embargo, el político que era más auténtico antes de la derrota de 2006, había cambiado mucho ya para 2014, con tal de alcanzar su sueño presidencial: jaló a alguien como Abarca y, al ganar, pactó con el Ejército.

Desechó las críticas de miles de militantes de la izquierda histórica de Guerrero, quienes acusaban a Abarca de asesinar personalmente al activista Arturo Hernández, porque éste le dijo narco públicamente.

Hizo control político de daños para que el crimen ordenado por Abarca no se le interpusiera: quitó a su candidato al gobierno de Guerrero, Lázaro Mazón, por la relación de éste con Abarca, quien lo apadrinaba.

No importó que Mazón fuera en ese momento su principal activo, en Guerrero, para la recolección de firmas con la que buscaba tirar la reforma energética de Peña.

Ya en la presidencia, asentó su poder en una alianza empresarial y política con el Ejército; y olvidó aquello de “tu reclamo debe ser a las Fuerzas Armadas, a quienes intervinieron en ese crimen”.

Aunque, francamente, todo lo que ha hecho el presidente para llegar al poder, es lo que haría cualquier otro político. El juego político, y el poder, funcionan de esa manera.

Eso es el presidente: un político, un hombre de poder.

En el poder.