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Hay una advertencia muy clara para la economía mexicana: las cosas se pueden poner peor si el gobierno federal descuida la salud de las finanzas públicas.

La actual administración no ha sido parte de la solución del derrumbe económico, pero puede ser parte de un problema mayor que incluya, además de la caída económica, devaluaciones, alta volatilidad, elevadas tasas de interés y presiones inflacionarias.

El gasto público ya era de mala calidad antes de la crisis sanitaria. Cuando la economía se detuvo por el confinamiento no se reencausó el gasto hacia el respaldo de los agentes económicos afectados, no cortó los proyectos de infraestructura inútiles y no ajustó el tamaño de sus gastos a la realidad de menores ingresos.

Y en este México del gasto inútil y la falta de apoyos donde deberían estar, la deuda neta del sector público ya llegó a 62 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) durante el segundo trimestre de este año.

Una mayor proporción de la deuda implica más recursos para su servicio, en un país donde los ingresos bajan y el gasto público no es de calidad.

En ese amor por el pasado de la 4T, este gobierno ya llevó los niveles de producción petrolera a 1979 y el nivel de deuda comparado con el PIB a 1988.

A lo que no podrán regresar como lo hicieron los populistas mexicanos del pasado es a pretender paliar las cosas con la máquina de fabricar dinero.

Claro que, con esos manejos económico-financieros, a la 4T debe estorbarle enormemente la autonomía del Banco de México. Pero por ahora lo que ha logrado el presidente Andrés Manuel López Obrador con su ataque infundado al gobernador del Banco de México, Alejandro Díaz de León, es la unanimidad en su defensa.

Dentro de ese bunker del banco central despachan expertos que no tienen empacho en señalar, como se puede leer en su más reciente minuta de la reunión de la Junta de Gobierno, que la situación de las finanzas públicas constituye un factor de riesgo económico. Y que entre los factores idiosincráticos como la situación de Pemex hay riesgos reales para la estabilidad financiera.

Eso debe caer mal en el corazón de la 4T, pero el hecho de tener cerrada la puerta de la casa de moneda para imprimir dinero que pudiera crear una burbuja artificial de bienestar, debe caer mucho peor en el modelo de la economía moral.

A esta administración se le hizo fácil cubrir sus carencias presupuestales del año pasado con el uso de la mitad del Fondo de Estabilización de los Ingresos Presupuestarios, cuando lo que hacía falta era más sentido común para ejercer el gasto público.

Y este año, que sí es de problemas económicos serios, no solo ya tiene la mitad del guardadito para las emergencias, sino que acabarse ese fondo será un foco más de alerta en los mercados sobre la salud de las finanzas públicas.

Las luces del tablero de riesgos financieros de México, que estuvieron en verde durante todo lo que va de este siglo, empiezan a prenderse en amarillo y con la amenaza de rápidamente irse al rojo y agravar la crisis económica que hoy ya nos afecta profundamente.

Por Enrique Campos