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Esta, del lunes 1 de octubre de 2018, es la edición príncipe de ContraRéplica, un nuevo diario impreso en la CDMX. ¿Por qué, si para muchos los periódicos de papel tienden a desaparecer? Por un motivo sencillo: a los lectores les gusta el buen periodismo.

Sí, está en crisis el modelo de negocios y de fabricar diarios impresos: en el mundo, desde los últimos 30 años; en México, un poco menos. El reto de los hacedores de periódicos es reinventarnos o morir.

Por lo pronto, los clásicos “grandes” ya no superan inevitablemente a los “pequeños”. Con el posicionamiento de las nuevas formas de acceso a la información, los rápidos vencen a los lentos.

¿Entonces será el buen periodismo el salvador de los diarios impresos? No solamente. También los que necesiten menos periodistas y recursos que los utilizados hasta ahora: hacer más con menos.

Y, algo que no se aprende, que se lleva en la sangre: sí, los que hagan más con menos, pero que enarbolen el idealismo de quienes consideran el periodismo una misión social, una profesión que se realiza en interés del público.

En términos prácticos de costos y beneficios, a lo que sí enterraron ya el internet, Twitter, la telefonía móvil, la TV vía satélite y digital terrestre, Google Maps y iPhone fueron las plantillas obesas, los equipos de fotógrafos, las corresponsalías, los correctores de estilo…

Los periodistas dedicados al papel tendremos que ser más instruidos, integrales, mejor informados: quienes reportean deben saber editar, formatear y revisar, ellas y ellos mismos, sus propias páginas, obtener fotos de agencias. La cadena de producción tiene que simplificarse.

Con esta mística, el destino de los diarios impresos será inexorablemente el buen lector, que espera de ellos la lectura argumentada, historias de lo que ya consumió en la oferta informativa más amplia que ha existido en el mundo, desde que surgió el primer diario en Alemania hace 360 años.

Pues goza del resultado de una mezcla mágica de rotativas del siglo XIX, de radios y TVs del siglo XX y páginas de internet, redes sociales, blogs del siglo XXI.

El primero en aceptar el fin fue el más grande de todos. El New York Times anunció en 2009 que saldría el impreso en… 2013.

Lo admitió su dueño, Arthur Sulzberger Jr., en el Foro de Davos 2009: “¿Y saben qué? No me importa”. Pero el NYT impreso permanece todavía en los puestos advirtiendo al público de qué lado saltará la liebre para que el público se ocupe de la liebre.

¿Y saben qué? A nosotros sí nos importa. Aquí, amamos el papel y la tinta. Por eso nace ContraRéplica, un tobogán plural de ida y vuelta, con réplicas y más réplicas.

Porque a los lectores les gusta el buen periodismo.