La semifinal de Roland Garros, fue testigo de un juego de hora y media sobre la arena que vio cómo Rafael Nadal se enfrentó a un tenista alemán Alexander Zverev que le respondió como los grandes, al ponerse al tú por tú contra el español.

Uno de esos encuentros en donde las palmas y las porras fueron para ambos, porque el alemán le daba la batalla a un Rafael Nadal que ha vuelto este año con toda la intención de ganar todo.

Hoy en el día del cumpleaños 36 del tercer mejor jugador del mundo, se paraba frente al joven, después de ganarle a Djokovick y pelear por el pase a la final en París.

Pero cuando el alemán daba un juego de tú a tú, responde una pelota de Nadal y su pie derecho se le traba en la arena, y se le dobla por completo, tirándolo al piso del dolor.

Nadal, sin saber qué había pasado a bien, celebra el punto a su favor, pero al darse cuenta de que su rival estaba en el suelo de dolor, no dudó en caminar hacia él para saber qué ocurría y ayudarle.

El rostro de Nadal cambió por completo, vimos al ser humano, al deportista que ha pasado por decenas de lesiones y que ha perdido distintas participaciones en torneos internacionales como el propio Roland Garros.

Nadal sabe el dolor, la tristeza y la impotencia que corroe por el cuerpo entero y el orgullo como deportista cuando en medio de lo que podría ser “el juego” de su vida, todo se detiene y no hay manera de seguir pegando.

El grito de dolor de Zverev nos paralizó a todos. El español estuvo a su lado hasta que se lo llevaron en silla de ruedas, Nadal con él.

Cuando vuelve a la cancha, Rafael continúa con cara de angustia y tristeza, y es que no podía ser otra. Quizá en otros personajes, pudo haber sido otro el ánimo, más de victoria. Pero Rafa no movía ni un milímetro de su rostro, estaba en shock, porque sabiendo que, aunque eso implicaba su pase a la final, no era como le hubiera gustado pasar, e insisto, vuelve a ser un hombre que conoce de esto.

Al final, Nadal se acerca para darle unos palmazos en la espalda, pero el alemán lo abraza y algo le dice al oído. El momento de la fotografía de hoy, en donde dos caballeros, sabiendo que el respeto deportivo es lo primordial.

Pareciera que el alemán despide al español, porque se le cuelga en el cuello con la plena confianza y la seguridad, de que él estaba siendo superior a uno de los jugadores más superiores del planeta. Se sabe con esa certeza de que se portó a la altura y se despide honorablemente.

Nadal vuelve a dar cátedra de la calidad humana que a sus 36 años lo pone en una situación como la de hoy. Se mostró como un caballero, pero insisto con ese temple humano y vulnerable, como lo ha demostrado durante su carrera.

Uno de esos ejemplos, que hace falta ver en el mundo deportivo para todos los niños y jóvenes que creen que sus ídolos son casi superhéroes.

¡Feliz cumpleaños Nadal!

Foto:EFE/EPA/YOAN VALAT