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Tienen razón los que dicen que lo ganado por la oposición en las elecciones del domingo pasado no se debió a su proyecto de futuro. Fue un voto opositor centrado más en el rechazo que en las propuestas.

Pero aciertan también quienes dicen que el proyecto de la transformación del actual gobierno agotó su tiempo y su credibilidad, que no ha traído los cambios esperados y ha sido más efectivo en destruir lo que no le gusta que en construir lo que prometió. De modo que quizá una tarea clave de quienes quieren ganar las elecciones de 2024 es responder qué debe hacer México hacia el futuro.

Pensar que un regreso a proyectos pasados encenderá la imaginación de los votantes para 2024, es tan inviable como creer que bastará ofrecer más de la misma transformación ofrecida hasta ahora por este gobierno.

Tanto el oficialismo como la oposición necesitan pensar de nuevo lo que el país necesita, con un énfasis importante, diría yo, en lo que hay que reconstruir de lo mucho destruido por la llamada 4T.

Las preguntas sobre el futuro del país están ahí otra vez, sin respuesta, muchas de ellas agravadas. Hay que responder a las preguntas sobre el crecimiento de la economía, frente al horizonte de desconfianza de la inversión privada que será el legado de este gobierno.

Hay que responder de nuevo a las preguntas de la pobreza y la desigualdad, pues ha quedado claro que una batería de programas sociales con reparto de dinero en efectivo puede ser una pieza necesaria, pero no suficiente de una buena política social.

Las herencias que el país recibirá en materia de salud y educación pertenecen más a lo que hay que corregir y reconstruir que a lo que hay que continuar. Lo mismo, agravado, habría que decir de la violencia y de los remedios que no pudo ponerle este gobierno. Revisión aparte, por sus costos y sus pobres resultados, merecen las políticas energéticas y de infraestructura.

El gobierno puede corregir muchas de estas cosas si se pone a hacerlo desde hoy. Más realista es pensar que solo las corregirá el siguiente gobierno. La pregunta rumbo a 2024 es qué proyecto debe tener ese gobierno: ¿Qué sigue?