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Lo que preocupa a Videgaray es lo que preocupa a muchos. México está a medio camino en la implementación de las reformas. Una marcha atrás sería una tragedia.

“Lo que más me preocupa es el populismo y el proteccionismo”, contestó el secretario de Hacienda a la periodista Francine Lacqua, en un panel organizado esta semana en París por la OCDE. Ella le había preguntado sobre sus mayores preocupaciones, en un momento donde abundan los focos ámbar en el tablero: negociaciones de Grecia; alza en las tasas de Estados Unidos; revisión a la baja del crecimiento global; los precios de las materias primas, sólo por mencionar temas que corresponden al mapamundi.

La participación de Videgaray en París es digna de análisis. Su panel se llamó “El papel de las reformas estructurales para detonar la inversión”. Cuando expresa su preocupación por el populismo y el proteccionismo, reconoce que la gente está impaciente por sentir los beneficios de las reformas. Toda reforma importante implica esfuerzos o sacrificios en el corto plazo y los beneficios aparecen hasta el mediano o largo plazo. “Hay una tensión que es propicia para la aparición de populistas”, dijo.

Imposible no trazar una línea para unir las palabras de Luis Videgaray con la advertencia que lanzaron los economistas para México del Deutsche Bank, Goldman Sachs y Bank of America: “Las elecciones (del domingo 7 de junio) pueden nutrir el terreno para un viraje en el rumbo económico para el 2018”.

No es que Videgaray haya hablado para el público mexicano. El funcionario participaba en una reunión internacional. Estaba acompañado de los ministros de Corea, España, Portugal, Holanda y el economista en jefe de la Casa Blanca. Todos estos países han emprendido reformas estructurales en busca de soluciones para el estancamiento económico. La implementación de reformas mermó la popularidad de los gobiernos que las lanzaron. Abrió la puerta a propuestas que son populistas y partidarias de bloquear o revertir medidas que favorezcan reformas estructurales.

Decir pérdida de popularidad de gobiernos reformadores es quedarse a medias. Ha habido erosión de confianza de la población en el gobierno. En Europa, Asia y América Latina. No hay una explicación fácil a este fenómeno, pero hay que poner atención a la ministra portuguesa de Finanzas, María Luis Albuquerque: “Es difícil comunicar las reformas de manera consistente y coherente (…) Existe la tentación de comunicar sólo buenas noticias”, dijo.

¿Qué cosa erosiona más la confianza de la población que la percepción de un divorcio entre su realidad cotidiana y el optimismo en el gobierno. “Una de las mayores amenazas para las reformas es la autocomplacencia”, indicó Albuquerque, una ministra con capacidad para filosofar.

El tema de la confianza fue recurrente en las intervenciones de Videgaray. Confianza fue una de las palabras que más utilizó. “La crisis destruyó la confianza (…) Las reformas estructurales deben reconstruir la confianza”, dijo en su primera entrada. Minutos más adelante, afirmó, en respuesta a un representante del gobierno griego que estaba en el público, que lo que más dañó a México de las crisis de 1976, 1982 y 1995 fue la pérdida de confianza de la comunidad internacional. Hubo salida masiva de capitales.“El reto para los países emergentes es ganarse la confianza todos los días”, explicó Videgaray.

Populismo y proteccionismo. Lo que preocupa a Videgaray es lo mismo que preocupa a muchos. México está a medio camino en la implementación de las reformas. Una marcha atrás sería una tragedia.

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