Es totalmente cierto lo que dijo el presidente Andrés Manuel López Obrador en el sentido de que no le preocupan los señalamientos del embajador de Estados Unidos en México, Ken Salazar, respecto a los alcances perniciosos que la contrarreforma energética tenga en las empresas estadounidenses que han invertido en México.

Seguro que tampoco le habrá de hacer mella a López Obrador lo que el propio presidente de Estados Unidos, Joe Biden, y el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, tengan que reclamarle al respecto la próxima semana en la reunión que tendrán los tres en Washington DC.

Ya dijo López Obrador que le “va a explicar a Biden” para qué plantea esta contrarreforma en el sector eléctrico, pero también con alcances en las industrias petrolera y minera.

Salvo que haya un reclamo articulado de los dos países del norte, con alguna lista de posibles consecuencias negativas para México si se mantiene la insistencia de afectar las inversiones privadas. Sólo así, podría haber alguna especie de marcha atrás de la 4T. De lo contrario, al presidente Andrés Manuel López Obrador poco le importa lo que diga el embajador y hasta el presidente Biden.

Pero en esta contrarreforma, que amenaza con echar al país 50 años atrás en materia energética y generar conflictos internacionales e indemnizaciones multimillonarias, sí debe preocupar a aquellos que hoy juegan con la llave de ser la puerta cerrada a esta barbaridad o la vía de entrada a ese viaje en picada.

Los primeros que deberían escuchar con toda atención lo que dice el embajador Ken Salazar son los legisladores del Partido Revolucionario Institucional, porque a ellos sí debe importarles lo que tenga que decir Estados Unidos.

El PRI se sabe el fiel de la balanza y aunque pudieran recibir amenazas para saltar del lado de la contrarreforma, deberían tener claro el daño irreparable que pueden provocar. Por ahora, le sacan ventajas políticas al tema.

Fue poético aquel “tengan para que aprendan” que les recetó el dirigente de este partido, Alejandro Moreno, tras advertir que, si la mayoría obediente del Presidente no escucha a la oposición en la actual discusión presupuestal, no habrá reforma eléctrica.

Y no, Morena y satélites que le acompañan no van a escuchar a la oposición, pero tampoco debería haber margen de los priistas para que sí pudiera aprobarse esa contrarreforma energética.

Está claro que la contrarreforma no es invisible ni ignorada por Estados Unidos, el embajador Salazar lo ha dejado claro en dos ocasiones, y en la cumbre del 18 de noviembre en Washington DC que no haya duda de que el tema será central para los otros dos socios comerciales de México.

Ya hemos visto radicalizarse a la 4T y hemos visto cómo al presidente López Obrador parecería no importarle subir el tono hasta la confrontación.

Pero al resto de los sectores económicos y a los partidos políticos hoy en la oposición no debería pasarles de noche cómo elevan la voz desde el norte. No querrán esas enemistades en el futuro si es que aspiran regresar algún día al poder.

Amenaza latente
Contrarreforma

La contrarreforma energética amenaza con echar al país 50 años atrás en materia energética y generar conflictos internacionales e indemnizaciones multimillonarias.

Sin margen

Morena y satélites que le acompañan no van a escuchar a la oposición, pero tampoco debería haber margen de los priistas para que sí pudiera aprobarse esa contrarreforma energética.

EU, atento

La contrarreforma no es invisible ni ignorada por EU y en la cumbre del 18 de noviembre en Washington DC que no haya duda de que el tema será central para los otros dos socios comerciales de México.