En un sustancioso ensayo reciente, José Woldenberg recorre las causas históricas de la izquierda mexicana y las compara con las del actual gobierno de México: Preguntas desde la izquierda. ¿Izquierda democrática o autoritaria? (Nexos, Abril 2022).

La izquierda mexicana, dice Woldenberg, valoró siempre las universidades públicas y su autonomía, pues en ello le iba parte de su supervivencia. El gobierno actual las desdeña y las castiga presupuestalmente.

La izquierda mexicana fue una pluralidad de movimientos, organizaciones y partidos.

El gobierno actúa como si la izquierda fuera sólo una: él.

Las izquierdas mexicanas y sus partidos defendieron siempre la representación proporcional en el Congreso, pues fue su camino de acceso a la vida democrática en un régimen al que era imposible ganarle por mayoría.

El gobierno quiere borrar eso: suprimir los plurinominales.

Las izquierdas mexicanas accedieron a la democracia asumiendo el compromiso con la legalidad, renunciando a la violencia y a la Revolución. Para el actual gobierno las leyes son una camisa de fuerza que se quita cada vez que lo necesita la Transformación. Las instituciones y las leyes de la transición democrática fueron escudo y vanguardia de la izquierda mexicana. Son hoy lo que el gobierno combate y quiere desmontar.

El laicismo fue un valor compartido por las izquierdas con la Constitución del 17 y la construcción histórica del Estado en México. Por el contrario, el desdén por el laicismo es una constante de la prédica moral, de tintes religiosos, del Presidente. Los derechos humanos fueron también escudo y vanguardia de la izquierda.

El gobierno convirtió la CNDH en una dependencia burocrática invisible. En poco o nada honra el actual gobierno los valores del pluralismo, la división de poderes y el Estado de derecho que la izquierda democrática comparte con el liberalismo.

Poco ha aportado también a la causa de la igualdad, el valor supremo de la izquierda, según Norberto Bobbio. Poca igualdad, ni democrática ni antidemocrática, ha salido hasta ahora de las acciones de este gobierno.

Por todo esto, Woldenberg concluye: “La corriente que gobierna actualmente el país de ninguna manera es democrática, aunque haya arribado al gobierno por esa vía. Pero a lo mejor tampoco es de izquierda. Quizá estamos ante un gobierno unipersonal, narcisista, autoritario y empobrecedor”.

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