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Los mexicanos estaremos “obligados” a pagar una carga fiscal extra en las gasolinas para compensar una recaudación que es relativamente baja.

En México, los impuestos constituyen alrededor de 50% del precio al público de la gasolina. En Estados Unidos, los impuestos son 23% del ticket gasolinero. Esta diferencia impositiva es clave para entender por qué la gasolina es 39% más cara en México que en Estados Unidos.

Impuestos. Por ellos, es tan importante la aclaración que hizo la Secretaría de Hacienda y Crédito Público sobre las condiciones para importar gasolina a partir de abril del 2016: “Un tercero que realice las actividades de importación pagará exactamente lo mismo que hoy paga Pemex”.

Más claro ni el agua. La reforma energética busca promover la competencia en actividades antes reservadas para Petróleos Mexicanos, pero no será una cápsula de cianuro para las finanzas públicas.

Para que el precio al público de la gasolina en México se iguale al de Estados Unidos sería imprescindible cumplir una serie de condiciones, entre ellas una nivelación de los impuestos a la gasolina en ambos países. Esto no ocurrirá en el corto plazo. Hacienda no correrá riesgos, porque vivimos un momento de gran estrés presupuestal.

La dificultad de bajar los precios de la gasolina en México es directamente proporcional a la dependencia del gobierno a los ingresos petroleros.

Mientras no haya una diversificación de las fuentes de ingresos, el margen de maniobra será casi nulo. Los mexicanos estaremos “obligados” a pagar una carga fiscal extra en las gasolinas para compensar una recaudación que es relativamente baja.

La contribución de la industria petrolera en México llegó a ser 37% de los ingresos fiscales hace apenas tres años y ahora es aproximada a 18%, en buena medida por la caída de la producción de petróleo y el desplome del precio de la mezcla mexicana. En Estados Unidos, la aportación fiscal de las petroleras no llega a 5% de la bolsa total.

Resolver las restricciones fiscales implica una tarea gigante, pero hacerlo no garantizaría una baja en el precio de la gasolina para los consumidores en México. Hay otros factores a tomar en cuenta, por ejemplo el comportamiento de los precios en Estados Unidos. La apertura a la importación significa que cada vez será más importante lo que pase al norte de nuestra frontera. De ahí viene más de la mitad de la gasolina que consumimos en México.

Vincular el precio en México al de Estados Unidos ahora parece un buen negocio para los consumidores, porque los combustibles están en uno de los niveles más bajos de las últimas tres décadas. No siempre será así; de hecho, 1.70 dólares por galón de 3.7 litros es una anomalía. Entre el 2009 y el 2014 estuvo por encima de los 4 dólares el galón. Al tipo de cambio actual, esto significaría 19.6 pesos por litro.

En México, viviremos un periodo de transición, con precios controlados, que durará hasta fines del 2017. De ahí en adelante, los precios en México tendrán como referencia los precios de Estados Unidos. Les pondremos tres “pilones”: el costo de trasladarlos; las ganancias de las empresas y los impuestos. No habrá subsidios.

Los expertos vaticinan una recuperación del precio del petróleo en el 2017. Eso significa que la gasolina subirá de precio. ¿A alguien le quita el sueño?

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