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Los expertos no tienen idea, tampoco el gobierno ni los protagonistas de los mercados financieros. Estamos en un territorio desconocido.

El tipo de cambio está cerca de los 16 pesos por dólar. Nadie lo vio venir. Los especialistas lo colocaban a principios de año en un rango que iba de 13.50 hasta 15.00 pesos por dólar.

¿Hasta donde llegará? Los expertos no tienen idea, tampoco el gobierno ni los protagonistas de los mercados financieros. Estamos en un territorio desconocido. La depreciación de ahora no se parece a otras que hemos vivido. Esta vez no ha desatado la inflación. El deterioro del tipo de cambio coincide con la consecución de una tasa inflacionaria cercana a 3 por ciento. La más baja desde principios de la década de los 70.

El peso ha perdido 17% frente al dólar en un año. En ese periodo no ha habido salidas masivas de capital de México ni ataques especulativos contra la divisa mexicana. Tampoco ha habido una merma de las reservas del Banco de México. En marzo del 2014 eran 180,000 millones de dólares. Ahora rebasan los 194,000 millones de dólares.

Más preciso sería decir que el dólar ha ganado 17% frente al peso. Este movimiento no es un baile entre dos, sino parte de una coreografía global. La divisa de Estados Unidos se ha revalorado frente a la mayoría de monedas del planeta, con la notable excepción del yuan de China. Entre los países grandes, Rusia es el que ha visto deteriorarse más su moneda frente al dólar. En un año, el rublo ha perdido más de la mitad de su valor. En América Latina, todas las monedas se han devaluado frente al dólar. El bolívar de Venezuela registra la mayor devaluación, como reflejo de su profunda crisis política. El real de Brasil y el peso de Colombia registran depreciaciones comparables a la del peso mexicano, pero mayores.

Mención aparte requieren el euro y el yen. En estos casos nos encontramos con estrategias deliberadas de Europa y Japón para depreciar su moneda. El objetivo es ganar competitividad a través del movimiento cambiario. Es una forma de impulsar sus exportaciones, en un contexto en el que sus mercados internos están débiles. Es una guerra de divisas, que tiene como protagonistas a dos de las cuatro mayores economías del planeta. Hasta ahora, no hay víctimas fatales en esta guerra. Podría haberlas, advierte Guido Mantega, el político brasileño que acuñó el término. Esto podría ocurrir, si la devaluación del euro o del yen reduce drásticamente el acceso a Europa y Japón de las mercancías de países en vías de desarrollo.

¿Cómo afectará a México? El tener una moneda depreciada no es una desgracia. Puede ser un impulsor adicional de las exportaciones en sectores donde la competencia internacional es muy cerrada. Bajo cierta óptica, la depreciación ofrece ventajas. La clave es que no se convierta en un detonador de la inflación; de movimientos especulativos o de pánico. Esto no ha ocurrido, pero nada garantiza que no ocurrirá.

La comunicación del Banco de México y la Secretaría de Hacienda será clave. Una cosa es que no intervengan en el mercado, más que en el momento en que haya deslizamiento del tipo de cambio superior a 1.5% durante una jornada. Otra cosa es que no utilicen todo el arsenal de herramientas de comunicación que tienen a su alcance. El funcionamiento óptimo de los mercados requiere información para expertos y también para gente común y corriente. La política monetaria implica comunicación y pedagogía. Estamos en zona de turbulencia. El piloto debe abrir el micrófono y trasmitir tranquilidad.