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Si buscamos en la historia un presidente obsesionado con la fortaleza del peso frente al dólar y con la producción estatal de petróleo, tenemos que regresar a los años 80 cuando José López Portillo defendió el peso como un perro y ordenaba la inyección de enormes cantidades de recursos presupuestales a Pemex para tratar de paliar sus finanzas, que ya se descomponían desde entonces.

Esa obsesión lopezoportillista no sirvió, sin embargo, ni para mantener la paridad cambiaria estable, ni para evitar una profunda crisis económico-financiera, derivada del mal manejo petrolero mexicano.

Regresa una obsesión gubernamental, 40 años después, con la paridad cambiaria y otra vez, Pemex y la producción petrolera amenazan con ser la semilla de una descomposición económico-financiera para el país.

Hoy el mercado cambiario es abierto y transparente, ya no pesan los caprichos del gobernante en la paridad. Pero el sector petrolero no ha sufrido tantos cambios desde aquellos años del populismo energético del siglo pasado.

El coronavirus, Covid-19, ha tenido impacto global en los mercados y tendrá consecuencias en las economías de los países.

Lo que hace falta ahora mismo por parte de las autoridades de la 4T es saber cómo vamos a enfrentar en México los efectos inevitables en la economía. Sobre todo, cuando este país ya desperdició un año completo, el 2019, en materia de crecimiento, por malas decisiones de política pública. Algo interno de lo que no es posible culpar a nadie más allá de las decisiones de gobierno.

En las conferencias mañaneras nos enseñan hasta a estornudar. Ahí está el muy elocuente “secretario de Salud”, con puesto de subsecretario, Hugo López-Gatell, dando cátedra de comunicación social al gobierno. Pero no hemos visto en esa misma mañanera al secretario de Hacienda, Arturo Herrera, mostrándonos cómo se aplica un cerco sanitario a las finanzas públicas.

Tenemos al presidente Andrés Manuel López Obrador obsesionado con la paridad cambiaria. Dice que el peso ha resistido y que no habrá afectaciones para la economía. El peso, en libre flotación, está diseñado para eso, para ser pararrayos de turbulencias como la actual y vaya que le ha ido mal.

Lo que preocupa es que no haya la capacidad de ver que la economía ya está estancada y que el fenómeno del Covid-19 habrá de restar muchas décimas de crecimiento económico al mundo y por lo tanto a México. Hay que ocuparse de eso, no subestimarlo para no perder más puntos de popularidad.

Y en medio de todo esto, está el gran problema de la economía mexicana, la verdadera infección de alto riesgo: la situación financiera de Petróleos Mexicanos.

El más reciente reporte de Pemex a la Bolsa Mexicana de Valores muestra a una empresa en estado de coma, a la que no parece que se le quiera dar la suficiente atención. Las transferencias de recursos públicos amenazan también la salud de las finanzas nacionales.

Pero a diferencia de los años opacos del siglo pasado, hoy los mercados se encargarán de darle visibilidad a esa grave enfermedad de la economía mexicana y puede ser pronto.