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La semana pasada finalmente subió a las alturas políticas el debate que hace años viene dándose entre observadores y especialistas sobre la bien o mal llamada guerra contra las drogas del presidente Calderón.

En el contexto de una mesa de debate sobre la legalización de la mariguana, el secretario de Gobernación dijo lo siguiente:

“Conocemos el alto precio que trajo consigo la mal llamada guerra contra las drogas. Hay que decirlo, y decirlo claro, se partió de un diagnóstico equivocado y de una estrategia mal diseñada que generó una escalada de violencia sin precedente”.

La respuesta del ex presidente Calderón no se hizo esperar. En una entrevista con Adela Micha respondió tres cosas:

1. “Lo que sería un mal diagnóstico es suponer que los problemas de violencia e inseguridad que teníamos y tenemos, son un tema de drogas. Tenemos un problema serio de crimen organizado”.

2. “Con legalización de drogas o sin legalización de drogas, la gran equivocación, el diagnóstico equivocado, es suponer que simplemente con su legalización se van a arreglar los problemas de seguridad y de violencia”.

3. “Otro diagnóstico equivocado es suponer que es la violencia del Estado la que provoca la violencia. No. Lo que provoca la violencia es la falta de control del Estado sobre su propio territorio, que da lugar a la lucha terrible de las bandas”.

Me gustaría saber en detalle por qué piensa el secretario de Gobernación que la guerra del expresidente “partió de un diagnóstico equivocado y de una estrategia mal diseñada”.

Compartí algún tiempo los argumentos del ex presidente Calderón, pero las abrumadoras evidencias de los costos de la guerra y la pobreza de sus resultados me hicieron cambiar de opinión.

Comentaré mañana los argumentos del ex presidente. Anticipo que su análisis tiende a separar tres cosas que son inseparables:

1. La relación del mercado de drogas con el crimen organizado, 2. La política de persecución de las drogas con los problemas de seguridad y de violencia, 3. El despliegue de la violencia del Estado con el crecimiento de la violencia criminal.

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