Minuto a Minuto

Nacional Ejército despliega mil 170 elementos en tres estados para reforzar la seguridad
El despliegue de los elementos militares tiene el objetivo de reforzar la seguridad y contener la actividad delictiva
Nacional El presidente de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, llega a México
El canciller Juan Ramón de la Fuente recibió al presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, en Quintana Roo
Internacional Trump afirma que EE.UU. desconocía que Israel atacaría un campo de gas en Irán
Trump advirtió que Israel no atacará el campo de gas Pars Sur en Irán, salvo si este vuelve a atacar refinerías en Qatar
Internacional Mueren cuatro mujeres en Cisjordania por impacto de misiles iraníes
Las mujeres murieron a consecuencia del ataque por parte de Teherán contra suelo israelí que afectó al sur de Cisjordania
Internacional Guerra en Oriente Medio vive una importante escalada: Zovatto
Si el conflicto se traslada al ataque de campos o centros de producción de petróleo o de gas, las consecuencias económicas de esta escalada bélica podrían ser extremadamente graves

La opinión pública mexicana parece por momentos una guerra de sombras. Nada acaba por adquirir contornos claros en ella, quizá porque las dos fuentes fundamentales de generación de certidumbres públicas, la autoridad y los medios, no las generan.

Pienso en dos casos recientes, de la mayor resonancia: el de los 42 presuntos delincuentes muertos por la Policía Federal en Tanhuato, Michoacán, el 22 de mayo; y el de las cuatro mujeres y el periodista muertos en un departamento de la colonia Narvarte de la Ciudad de México, el 31 de julio.

Sobre lo sucedido en ambos casos pelean en la opinión pública versiones excluyentes, incompatibles entre sí.

En el caso de Tanhuato, la versión de la autoridad, según la cual los 42 fueron muertos en un enfrentamiento, y la versión periodística, según la cual hay evidencias periciales de que los 42 fueron ejecutados, varios con tiros de gracia y al menos uno a golpes.

En el caso de los homicidios de la Narvarte pelean las muy confusas versiones dadas hasta ahora por la autoridad, y la convicción pública, que le dio ya la vuelta al mundo, de que los homicidios son parte de la cadena de atentados contra la libertad de expresión y la vida de periodistas que mancha la vida pública de México desde principios de siglo.

Lo común a ambas querellas es que ninguna de las versiones es contundente, ninguna prueba su dicho a cabalidad.

Las versiones de la autoridad llevan perdida la batalla de antemano, rasgo característico del momento público de México, consistente en que la autoridad ha perdido la palabra: su palabra no existe, o es inverosímil, o es fácilmente diluida en dudas.

La palabra alternativa de los medios y las redes sociales no suple el vacío de credibilidad que ella misma crea. Sus versiones de los hechos tienden a volverse prédicas para conversos: cada quien pone y toma en ellas lo que quiere.

De modo que a la hora de establecer los hechos no son contundentes ni la autoridad ni los medios. El resultado tiende a ser una guerra de sombras, un litigio de prejuicios, preferencias y convicciones públicas apenas sustentables en la realidad.

Mañana, algo sobre la calidad de la palabra de los medios.

[email protected]