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El voto duro de los partidos tradicionales de México tiende a diluirse en un horizonte de fragmentación y falta de identidad partidaria.

La tendencia es impresionante. Para empezar, según la encuesta de El Financiero comentada en este espacio, 36 por ciento de los encuestados dice que votarían por un candidato independiente. No hay en la encuesta un candidato con franquicia o partido que alcance esa cifra.

La encuesta da como ganador a Andrés Manuel López Obrador, con 22%, pero la mayor intención de voto declarada de todos los careados es la que obtiene Margarita Zavala no como candidata del PAN, sino como candidata independiente: 28% de la intención de voto.

Es decir, que los encuestados valoran más a la misma persona como independiente que como candidata del PAN. Si eso no es síntoma de la erosión de los partidos, no sé qué pueda serlo.

Que el voto duro disminuya quiere decir que las identidades partidarias se están borrando, que las señas de identidad política de los votantes se van diluyendo.

Una encuesta reciente de Consulta Mitofsky registra con claridad esta tendencia. Lo que podríamos llamar el voto duro de los partidos históricos de la democracia mexicana, el PRI, el PAN y el PRD, está en mínimos históricos: 22% el PRI, 15% el PAN y 10% el PRD, este último debido a la escisión de Morena, que alcanza 8%. http://bit.ly/1UkcIGv.

El voto duro acusa hábitos ciegos, pero también identidad ideológica, comunidad de creencias, convicciones o costumbres.

Es difícil saber hoy qué distingue los discursos de los partidos políticos de México. Parecen un gran mural de perfiles desdibujados en sus proyectos y en sus convicciones. La única pasión que comparten a fondo es ganar elecciones por los medios que sean.

De ahí que tienda a imponerse en la sociedad la visión de la cosa pública como un botín que se disputan políticos y partidos, al margen de las necesidades ciudadanas.

De ahí la simpatía por los candidatos independientes y el discurso antitodo del puntero en la encuesta de El Financiero, López Obrador.

Conforme se diluyen las identidades partidarias se diluye también la representación política, y nuestra democracia es cada vez más un torneo de ofertas oportunistas para votantes sueltos sin lealtad partidaria ni identidad política.

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