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Para ser un movimiento contra la corrupción y el cinismo de la partidocracia mexicana, Morena se parece bastante a ella. No hay más que ver a los aliados que esta vez lleva en su coalición, el dinosáurico Partido del Trabajo y el no menos viejo Partido Verde, que portan en su nombre mismo la mentira.

Ni hay trabajadores en el Partido del Trabajo, nada que se parezca a un sindicato, ni hay causas ecológicas en el Partido Verde, nada que justifique su color asumido. Las historias de los dos partidos bastarían, en cambio, cada una por separado, para probar que la democracia mexicana ha sido madre de la competencia política real pero también del oportunismo, y la corrupción, de la democracia como negocio y de los partidos políticos como franquicias comerciales. Leo Zuckermann ha hecho la pequeña historia de estas dos vergüenzas de la democracia mexicana en un artículo sin desperdicio: https://bit.ly/2S4XihR.

Los dos aliados de Morena en la elección de junio, fueron creados ambos, recuerda Zuckermann, en la podrida época neoliberal de Salinas, ambos para que sirvieran como partidos satélites del PRI, pues el tiempo había convertido las antiguallas satelitales previas en siglas convergentes de la candidatura de Cuauhtémoc Cárdenas y de la posterior creación del Partido de la Revolución Democrática.

No es fácil acordarse de aquellas siglas, pero en el nombre llevaban también su propia mentira fundadora: el Partido Popular Socialista, el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana…

Para quitarle causas a aquella izquierda, durante el gobierno de Salinas se fundaron el Partido del Trabajo y el Partido Verde Ecologista de México. No fueron desde entonces sino aliados oportunistas de partidos grandes, fueran el PRI, el PAN o el PRD. Ahora, Morena.

Para cualquier cosa pueden servir esos partidos menos para la renovación moral de México que pregona el nombre de Morena. Y, sin embargo, Morena los lleva como aliados indispensables, pues sin ellos no podrá ganar la mayoría absoluta en la cámara de Diputados.

“Esos son los socios de los que AMLO dependerá para ‘purificar’ la vida pública”, concluye Zuckermann: “Dos meretrices que llevan décadas medrando de la política”. ¿Una victoria así, no sería una derrota moral?