La presencia de los líderes del mundo en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático, la COP26, es mucho más que quemar combustible de avión en vuelos privados para llegar a Glasgow, Escocia.

Es el mensaje de que hoy no debe haber un tema global más importante que evitar que la temperatura de la tierra se eleve más de lo que ya lo hizo, porque esos grados implican una catástrofe humana.

Aquellos que no fueron marcaron con su ausencia una declaración política contundente, al no asistir dejan ver que esos temas del medio ambiente son secundarios en sus agendas personales.

Los más significativos fueron, por supuesto, el presidente chino, Xi Jinping, y el mandatario ruso, Vladimir Putin. Ambos países concentran buena parte del problema ambiental del planeta y, por lo tanto, se esperaría de ellos los compromisos más grandes para atenuar el daño.

El caso de México es emblemático en cuanto a la postura de un país en los temas ambientales.

Durante muchos años nuestro país fue líder en la adopción de políticas amigables con el medio ambiente. Al Gore, ex vicepresidente de Estados Unidos, ambientalista y premio Nobel de la Paz por sus contribuciones contra el cambio climático, llamó a México en el 2018 una fuente de inspiración, campeón del clima y líder global en las políticas ambientalistas.

Hoy México está irreconocible y es uno de los grandes ausentes en los acuerdos básicos de la COP26.

Primero la rabieta del gobierno de López Obrador al negarse a firmar inicialmente la Declaración sobre Bosques y el Uso de la Tierra por creer que ellos inventaron la reforestación con su programa asistencialista de Sembrando Vida. Quería la 4T una mención especial para firmar, hasta que no resistieron la presión internacional.

Pero México está ausente en la Agenda Avanzada de la COP26 para impulsar tecnologías limpias, tampoco firmó el acuerdo de controles ecológicos estrictos en la industria marítima y ahí están las políticas, en sentido contrario, para quemar más hidrocarburos en lugar de reducir su consumo.

Este México que hoy pocos reconocen en el mundo, tuvo ese giro tan radical en un proceso electoral.

No hay un mejor sistema político que la democracia, pero implica estos riesgos que se facturan a todo el planeta.

Claro, China y Rusia no cambiarán su forma de actuar en varias generaciones porque se ahorran eso de la democracia, pero hay países como Estados Unidos que ya pasaron por ahí y pueden volver a dar un bandazo con efectos negativos para el mundo.

Mientras Joe Biden, presidente de Estados Unidos atendía la COP26, su partido, el Demócrata, perdía importantes posiciones políticas en antesala de lo que podría ocurrir con su mayoría legislativa el próximo año.

Pero en términos de los intereses climáticos del planeta, el mayor riesgo para Estados Unidos es que en el 2024 pudiera regresar a La Casa Blanca Donald Trump y tirar todo lo acordado en la COP26 al bote de la basura.

Parte de las facturas de esos bandazos electorales, de los regímenes populistas y autoritarios se pagan de manera global y los efectos climáticos que hoy se destacan por la COP26 son una muestra de ello.

Al Gore, ex vicepresidente de Estados Unidos, ambientalista y premio Nobel de la Paz por sus contribuciones contra el cambio climático, llamó a México en el 2018 una fuente de inspiración, campeón del clima y líder global en las políticas ambientalistas.