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Parece que el presidente Andrés Manuel López Obrador no sólo advierte una crisis económica, sino que la propicia.

Fue su decisión, y la de nadie más, iniciar su administración, sembrando el temor entre los inversionistas privados con su demostración de poder al promover una consulta ilegal, amañada y totalmente absurda para cancelar la construcción del nuevo aeropuerto de Texcoco.

Esta acción, tomada aun antes de iniciar su gobierno, ante el vacío de poder que dejó Enrique Peña Nieto en la parte final de su gobierno, es algo de lo que abona a la explicación del por qué la economía mexicana tuvo una caída el año pasado de 0.1 por ciento. Y vaya que vamos a extrañar el no haber crecido durante el 2019.

Se sumaron otras tantas señales negativas de cómo las leyes no importan al momento de imponer lo que la 4T piensa, con o sin pantomima de una consulta, con o sin modificación a leyes de la obediente mayoría legislativa.

Como el incumplimiento de los contratos de los gasoductos por parte de la Comisión Federal de Electricidad. La suspensión de las rondas petroleras, el freno a las energías limpias.

En fin, muchas señales en la misma dirección: la confianza no es un activo que le interese a este gobierno.

Y ahora, en medio de la que puede ser la peor crisis económica desde la Gran Depresión de hace 90 años, el presidente toma la bandera de activista opositor para acabar con una inversión en curso y de paso para refrendar que aun con la crisis económica que él mismo puede ver, lo que cuenta es el capricho, no la ley.

El golpe que este gobierno acaba de dar a la empresa Constellation Brands va mucho más allá de 60% de avance en la obra de construcción de la planta cervecera que edificaban en Mexicali, más lejos que los 1,400 millones de dólares comprometidos en la inversión y los miles de empleos directos e indirectos que habría de generar.

Esta barbarie de fingir una consulta con su feligresía, ilegal y hasta violenta, cuando la empresa tenía todos los permisos aprobados para la construcción es un golpe más, injusto, partidista, mezquino de la 4T, a un país que tiene pronósticos de un derrumbe económico este año de 4 por ciento.

Pueden estos facciosos clavar la cabeza de un jabalí en una estaca y bailar todo lo que quieran en adoración a sus dioses. Lo que no pueden hacer, desde la cúpula máxima del poder de un país de leyes, es auto sabotear el desarrollo económico de una región.

Porque con esa acción arbitraria, patrocinada por el presidente López Obrador, se atenta contra la confianza de los capitales que hoy, más que nunca, deberíamos de cuidar.

Sí, viene una crisis y una profunda, qué bueno que al menos hay la capacidad de apreciar lo evidente. Pero fomentar la violación de las leyes como se hizo en Mexicali para frenar la construcción de una planta cervecera de Constellation Brands, en el nombre de un problema inexistente, como el de la disponibilidad del agua y sólo porque es una compañía de origen extranjero, eso acabará por derrumbar a este país.