No me refiero al secretario de Gobernación, Adán Augusto López, a quien desde noviembre del año pasado, por conducto de Mario Delgado, dirigente de Morena, se le dio acceso al selecto grupo de las corcholatas —término asignado por el presidente López Obrador a la versión de la 4T del tapado—. El mismísimo primer mandatario confirmó, el pasado jueves, que su paisano es integrante del conjunto del que por medio de una encuesta saldrá el candidato o la candidata del Movimiento Regeneración Nacional a sucederlo.

Durante una reunión en Palacio Nacional con los 276 diputados del bloque “Juntos haremos Historia” —legisladoras y legisladores de Morena, Partido Verde y PT—, el presidente de la República, tal vez por estar próximo el Día del Niño, así como jugando propuso: “vamos a hacer una especie de encuesta, de consulta, rápida, breve. Verdad, díganme sí o no. ¿Verdad que tenemos un buen secretario de Gobernación?” La respuesta de los 276 fue unánime: ¡Sí! Y a continuación el grito que consagra: ¡Presidente! ¡Presidente! ¡Presidente!

A siguiente día en la conferencia mañanera celebrada en Quintana Roo, AMLO aclaró que el juego propuesto a legisladoras y legisladores no tuvo nada que ver sobre una posible candidatura a la Presidencia; sólo lo hizo para comprobar que “Adán es un extraordinario secretario de Gobernación”. Para disipar conjeturas expresó:  “podría decir que la jefa de gobierno Claudia Sheinbaum, es de primera, íntegra, honesta y podría decir lo mismo de Marcelo Ebrard”.

Así pues, la corcholata a la que me refiero en el encabezado de esta columna no es el secretario de Gobernación porque como diría el divo de Juárez: “lo que se ve no se juzga”. Tampoco con mi encabezado pretendo hacer alusión al senador Ricardo Monreal apuntado en el elenco por mano propia y dispuesto —como lo ha dicho repetidas veces— ha participar, sin confrontarse con el presidente López Obrador, en la contienda morenista. (Tal vez, supone el que escribe, en busca del premio de consolación de la candidatura para la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México).

La nueva corcholata morenista es el diputado federal jalisciense Antonio Pérez Garibay del que quizá, como le ocurrió al redactor de lo que usted lee, las lectoras y los lectores no sepan gran cosa.  Pero les voy a dar una pista —automovilística—,  el legislador Pérez Garibay es el padre del destacado piloto de Fórmula Uno, Sergio Checo Pérez.

A través de una entrevista realizada por Fernando Damián, publicada en el periódico Milenio del pasado 30 de abril, don Antonio declaró: “Yo estaba trabajando para la gubernatura de Jalisco y cuando empezamos con el proyecto, mi equipo, mis asesores y unos grandes amigos, me dijeron; yo creo que esto nos da para más, vamos a levantar la mano y vas por la Presidencia de la República”. (Parafraseando el dicho: no hay amigos pequeños).

El argumento esencial de don Antonio para justificar su candidatura y convertir el corcholatazo del 2024 en el Grand Prix Presidencial, es el de continuar con el “Primero los Pobres” de Andrés Manuel porque desea consolidar la Cuarta Transformación pero con un país unificado. En la entrevista salió a relucir su vínculo con los expresidentes Salinas, Zedillo, Fox y Peña Nieto. “Los exmandatarios  de México, cuando van a Guadalajara, se quedan a dormir en mi casa”. ¿Y no se le ha perdido nada? –le preguntaría Andrés Manuel.

“Tengo una buena relación con el pueblo —comentó— pero también me puedo reunir con los veinte empresarios más importantes del país (…) Soy de los pocos en Morena que puedo sentarme con todos. Eso es lo que se necesita;  México no puede continuar dividido (…)  Soy soldado del presidente, continuaré mi proyecto pero sé acatar órdenes y si  el presidente me baja, me bajo”.

Un consejo: bájese del Fórmula Uno y súbase al go-kart de la alcaldía de Guadalajara.