Imaginen las lectoras y los lectores que nos encontramos en una fiesta que la Embajada de México en equis país ofrece al cuerpo diplomático establecido en la incógnita Nación. Las personalidades invitadas lucen el outfit que el código de vestimenta (dress code) especifica en la invitación: los caballeros frac, con corbata y chaleco blancos, los diplomáticos pertenecientes al Ejército o a la Armada, pueden vestir el uniforme de gala de su institución. Las señoras irán vestidas de largo, también es permitido que vistan un traje regional de su país de origen. Cualquiera que sea el atuendo debe de ir acompañado de las condecoraciones personales.

Meseros vestidos de charro ofrecen toda clase de bebidas a los asistentes: desde el democrático ron hasta el aristocrático champagne; sin faltar, por supuesto, el mexicanísimo tequila. Nuestro embajador, se desvive por atender a sus colegas representantes y agregados de los países del mundo, poniendo atención concupiscente, en las personalidades de género femenino que, como en cualquier fiestecita vecinal de la colonia Roma en el DF de los sesenta, son notoriamente de menor cantidad que las de género femenino. Su ojo avizor cómplice de su libídine, descubre a una mujer que debe tener entre 30 y 35 años y que viste un sari, el traje nacional de la India, sobre el que se adivinan formas sensuales como las de la exmiss mundo Priyaka Chopra, pero después de varios banquetes. Uno de sus ayudantes investiga: la hindú se llama Nirbhaya Kumar y es agregada cultural del país asiático.

El galán de petatiux, que en más de un sentido se siente plenipotenciario, se acerca a Nirbhaya y le hace plática. La conversación la manipula hacía la cultura libresca. Le presume su biblioteca en donde tiene los libros Historia de la literatura india y El arte de India escrito por Eva Fernández del Campo, éste causa la curiosidad de Nirbhaya. Si lo quieres conocer ven, vamos a mi despacho.

Su biblioteca es un librero. Antes de ver los libros, mira. Acciona una palanca: el librero cae al suelo en forma de cama; es por si alguien en lugar de leer un buen libro prefiere acostarse con un mal escritor. ¡Lo que usted pretende es obsceno! Pero es que yo —dice hipócrita el acosador— te adoro. No soy vaca para que me adore. ¡Impúdico! —dice la hindú con su tercer ojo rojo del coraje—.

Después del fracaso, alineados sus chacras mediante un buen trago, el diplomático de mentiras regresa a la fiesta. Su ayudante —alcahuete consular—, se acerca a él, discretamente le muestra a una señora, aún guapa, que ronda los cincuenta. Es la consulesa española para el medio ambiente; viste de largo y luce la condecoración de la Gran Cruz del Valle de los Caídos en el pecho —qué lugar tan apropiado—. Hola, —dice el anfitrión— propongo un brindis por el medio ambiente. Salud —responde ella— y por la no contaminación de la tierra y el mar. Salud, porque el mar caribe mexicano se conserve turquesa y transparente. ¿Lo conoce usted? No he podido ir. Mire venga en mi despacho tengo un video.

Efectivamente, en el despacho ven una pieza audiovisual que muestra la diáfana belleza del Caribe en la isla de Cozumel, el mejor lugar del mundo para bucear. Se imagina usted y yo en esas aguas y en esas playas —dice nuestro paisano tomando a la española cerca de la condecoración del Valle de los Caídos que ella defiende como si fueran cenotes sagrados. Entra un señor que le da un puñetazo al hostigador. Éste cae, sangra de la nariz. ¡Coño, usted no respeta a ninguna mujer! —dice el marido de la española que luce la condecoración de excampeón de peso medio de Europa—, ¿qué nunca le han roto la cara? Sí, muchas veces pero de vez en cuando me va bien.

Meme

Se imaginan ustedes el dineral que actualmente cobra por actuación La Arrolladora Banda Limón.