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Suponía hilarante chistorete lo de medir de otro modo el producto interno bruto para que también se considere un variable cierto estado de ánimo: la felicidad. ¿Y por qué no la infelicidad?, me preguntaba, pero ya veo que es cosa seria.

Ayer, el presidente López Obrador hablaba de enfermedades que deben atenderse y sobre la necesidad de informar acerca de alimentos y bebidas nutritivos, cuando empezó a soltar:

“Porque se desconoce, porque no convenía, por el mercantilismo, por el economicismo, por el afán de lucro, porque predominaba la política neoliberal y no convenía hablar mucho sobre estos temas que tienen que ver con el bienestar del pueblo. Lo que importaba era el producto interno bruto, el crecimiento a secas, a rajatabla, aunque se enfermara la gente, aunque se destruyera el territorio, aunque se afectara el medio ambiente. Entonces, ¡ya no!”.

Y reveló entonces: “Estoy ahora trabajando sobre un índice para medir bienestar, un índice alternativo al producto interno bruto. Lo voy a presentar. Un nuevo parámetro que va a medir, sí, crecimiento, pero también bienestar, también grados de desigualdad social. Se va a aceptar si hay crecimiento y hay menos desigualdad. Y otro ingrediente en este nuevo parámetro, en este nuevo paradigma: la felicidad del pueblo…”.

¡Zas!

“Estoy elaborado la fórmula. La vamos a aplicar en México. Es un sistema de medición distinto. Voy a convocar a econometristas, a matemáticos, a economistas, a sociólogos, antropólogos, sicólogos: a especialistas…”.

O sea, va más que en serio.

Hace dos miércoles tocó el tema, que imaginé uno más de sus dislates: “Hay que buscar nuevos conceptos. En vez de crecimiento, hablar de desarrollo. En vez de PIB, hablar de bienestar. En vez de lo material, pensar en lo espiritual”.

Jamás he compartido la insidiosa equiparación que se hace de él con tiranuelos pero hoy, de mi Hugo Chávez para principiantes, recupero lo que el golpista decía: “Todo lo monetarizan, todo lo capitalizan. Lo que no es monetizable no entra en el PIB. ¿Cómo no vas a medir el tiempo, chico, el tiempo de vida, el que un pueblo lo dedica a la cultura, como parte de un producto? El tiempo que un pueblo dedica a la solidaridad internacional, ¿cómo tú no lo vas a medir como un producto de ese pueblo? Estamos por crear un nuevo método para medir el producto nacional, el producto humano, el producto social…”.

Y su impresentable sucesor (dialoga con pajaritos), Nicolás Maduro, anunció hace siete años: “He decidido crear, en honor a nuestro comandante Chávez y a nuestro Bolívar, el Viceministerio para la Suprema Felicidad Social del Pueblo Venezolano, de coordinación de estas grandes misiones presidenciales; que tendrá el objetivo de la suprema felicidad social. Atender a los compatriotas con discapacidad, a los que están en la calle, a nuestros viejitos y viejitas, a nuestros niños y niñas…”.

De prosperar el disparate, ojalá también se mida el masoquismo de tanto pueblo jodido y decepcionado, pero “feliz, feliz feliz…”