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¡Qué podría resultar más atractivo que proponer mejores salarios y precios más bajos de las gasolinas!

Los procesos electorales y sus campañas políticas son así, dan rienda suelta a cualquier cantidad de palabras huecas que demuestran que eso del populismo no es privativo de algún personaje o tendencia política.

Si algunos debieran saber lo perjudicial que resulta tener un precio controlado de las gasolinas esos deberían ser los panistas, que cuando estuvieron en el gobierno permitieron el desperdicio de cientos de miles de millones de pesos en subsidios a los automovilistas para mantener precios por debajo de los que existían en los mercados internacionales.

Pero hoy, desde la comodidad que da la oposición, proponen que las gasolinas tengan, ahora sí y de manera adelantada, precios libres que se determinen con la oferta y la demanda.

El principal impedimento para bajar los litros de la Magna a 9 pesos como exige el PAN al gobierno federal es que el boquete de finanzas públicas que se generaría tendría que cubrirse con más recortes al gasto público y cuando se aplicaran esos ajustes los primeros en respingar serían los partidos políticos de oposición.

La congruencia es lo de menos porque el Partido Acción Nacional avaló en la reforma energética el esquema de transición de los precios de los combustibles a niveles de mercado hasta el 2018.

Si se rigieran por los precios del mercado las gasolinas, a partir del próximo año el ajuste presupuestal sería tan drástico que podría convertirse en un lastre que llevara a la recesión a la economía.

Entonces, el PAN habría de proponer otras formas de equilibrar el presupuesto. Quizá por la vía de las modificaciones fiscales, lo que ciertamente no adelantaría antes del día de las elecciones.

Como sea, va a ocurrir tarde o temprano que las gasolinas se rijan por el mercado y no por un decreto. Ese día enfrentaremos la suerte de un mundo cambiante al que no estamos acostumbrados.

En la franja fronteriza norte los habitantes de México saben lo que es pagar litros de a 13 pesos y después de 8 pesos y más tarde de regreso a precios altos. Es la suerte de lo que ocurre en Estados Unidos trasladado a las ciudades colindantes.

Tan sólo la quincena pasada uno de los factores que más influyó en el alza de la inflación fue el aumento en el costo de las gasolinas en esa franja fronteriza. Sin embargo, no hay duda de que prefieren vivir así que con un precio controlado que desequilibraba los mercados hasta hace poco.

No obstante, aplicar un precio tan volátil en todo el país necesitaría de una enorme madurez por parte de los consumidores y sin duda también de los actores políticos.

Vivimos en un país donde hasta el simple cambio del Horario de Verano generó un movimiento social por el oportunismo de López Obrador. Piensen qué pasará el día que suban las gasolinas dos pesos en un mes porque Rusia invadió Ucrania.

Entonces, si la primera condición para que se cumpla la expectativa de precios de mercado es la responsabilidad, hacen muy mal los populistas de la derecha atizando el fuego social con promesas huecas que saben que no se pueden cumplir porque ellos mismos apoyaron en el Congreso lo contrario.