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En el matrimonio entre México y Estados Unidos no hay lugar para un amante chino. El Tío Sam revisa con lupa las relaciones de México con el dragón. Nuestro principal socio comercial se ha vuelto cada vez más posesivo. Nos pide “pruebas de amor”, una y otra vez. Nos ofrece como premio el nearshoring.

La metáfora del matrimonio y el amante puede ser cruda, pero es apegada a la realidad. Lo mismo podemos decir de las pruebas de amor. Estados Unidos se ha vuelto muy demandante. En diciembre del año pasado, la secretaria del Tesoro, Janet Yellen, pidió a México crear una instancia para revisar las inversiones extranjeras que llegan a México. En mente tienen un subregistro de las inversiones de China en nuestro país. En febrero, la Representante comercial de la Casa Blanca, Katherine Tai, alzó la voz por la posible introducción de acero chino a Estados Unidos “disfrazado” como acero mexicano. El mes pasado, Donald Trump amenazó con impedir la entrada de autos chinos, si estos se producen en México.

Las exigencias no paran y el gobierno mexicano no quiere poner en riesgo su matrimonio. Hace bien. En ese sentido, podemos entender la reciente decisión de la Secretaría de Economía de imponer aranceles a 544 productos, entre los cuales se incluyen calzado, madera, plástico, material eléctrico, instrumentos musicales, muebles… y acero.

El comunicado de Economía es cuidadoso en el lenguaje. No se menciona la palabra China en el mismo. La secretaria Raquel Buenrostro también fue muy prudente en el fraseo: los aranceles se imponen para evitar competencia desleal de parte de países con los que no tenemos acuerdos comerciales.

¿Por qué sabemos que la medida se refiere a China? Una clave de esto es que la mayor parte de productos castigados implican importaciones cuantiosas procedentes de China, desde hace años. El arancel más alto, de 50%, corresponde a productos hechos con acero.

El nuevo presidente de la Concamin, Alejandro Malagón Barragán, no se anduvo por las ramas al aplaudir la decisión de Economía. Se atrevió a hablar del elefante en la habitación (o amante, para seguir con la metáfora). Dijo de los aranceles: “buscan brindar condiciones de mercado justas a los sectores de la industria que enfrentan situaciones de vulnerabilidad, especialmente ante el grave déficit comercial no petrolero con China, que en 2023 alcanzó los 104,000 millones de dólares…Esta disposición no es una medida proteccionista, sino una condición necesaria para crear un piso parejo de competencia, ya que combate prácticas desleales como el dumping y los subsidios que han perjudicado gravemente a las empresas mexicanas.

China es nuestro segundo socio comercial, a pesar de que no tenemos un acuerdo de libre comercio con ellos. Las compras a China empezaron hace varias décadas y trajeron una enorme mortandad en sectores tradicionales de la manufactura mexicana: calzado, juguetes, textil y vestido y herramientas, entre otras. De lo desbalanceado de la relación con la segunda potencia mundial da cuenta el enorme déficit: en 2023, les compramos productos por un total de 114.190 millones de dólares. Les vendimos “apenas” 10,058 millones de dólares. Nuestro principal producto de exportación a China es mineral de cobre.

¿Estará satisfecho Estados Unidos con las “pruebas de amor” que está ofreciendo México? Algo de esto se sabrá en las próximas semanas. No es un asunto de Republicanos o Demócratas. Biden y Trump pueden ser como el agua y el aceite en muchos temas, pero en materia comercial ambos son proteccionistas y en relación con China comparten el diagnóstico: es el principal competidor del Tío Sam por la hegemonía económica global.

De cara a la revisión del T-MEC que se dará en 2026, el principal tema será China, augura Ildefonso Guajardo. Ni la política energética ni los transgénicos serántan espinosos en esa revisión como China, pronostica el ex secretario de Economía, que hoy es miembro destacado en el equipo de Xóchitl Gálvez. Se ve difícil que siga el amasiato con el Dragón. ¿Estamos preparados para desacoplarnos de China, aunque sea un poco?