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Un chamaco negado al placer de la lectura (un alérgico a la cultura), inexplicable director de materiales educativos de la Secretaría federal de Educación llamado Marx Arriaga, convoca al remiendo de los libros de texto gratuito de primero y segundo grados.

“A diferencia del llamado emitido en marzo pasado, cuando se solicitó participar en su rediseño sin pago alguno a diseñadores, editores y docentes que elaboraron secuencias didácticas, en esta ocasión la dependencia contempla la entrega de un estímulo económico de cinco mil pesos”, consignó antier La Jornada. Marx quiere convertir los libros en “pieza clave para la solidaridad y la integración del país desde una visión humanista”… en la deleznable concepción moreniana de la vida.

Se trata del mismo sectario que cometió la imprudencia de revelar su incapacidad para ejercer la responsabilidad que se le confió, al proferir esta descomunal idiotez: “Leer por goce es un acto de consumo capitalista”.

Ni Karl Marx lo diría. ¿Qué pensará de que Gabriel García Márquez decía: “escribo para que me quieran” (o del placer por la pintura, la poesía, el teatro, la música, la danza…).

Su aversión al gozo la externó a finales de julio ante normalistas: quienes leen por diversión, les dijo, lo hacen porque el mercado pretende generarles “ideas de consumo” y son personas “automatizadas, que no cuestionan su entorno…”.

Los efectos corrosivos de tales babosadas cruzaron el Atlántico y, por criticar las pendejadas proferidas por Arriaga, el agregado cultural de México en España, Jorge F. Hernández (admirable y queridísimo escritor compañero de páginas), fue despedido.

En su empeño por morenizar a niñas y niños desde la primaria, el pobre Marx delira con la idea de que los opositores a su visión “esconden la intención de concretar una dictadura de las mayorías conservadoras sobre la educación en la infancia” y apoyan “las políticas empresariales…”.

La pequeñez del malandrín se refleja no solo en los pinches cinco mil pesitos que ofrece a sus convocados, sino en las cualidades que los aspirantes deben cumplir: ser docentes o directivos normalistas; pedagogos, didactas “en todas” las disciplinas; ser investigadores, maestros de universidades públicas y privadas; becarios de posgrado del Conacyt, personal de bibliotecas “con estudios superiores” en pedagogía, psicología educativa, humanidades, filosofía, lingüística, letras hispánicas, estudios de didáctica en matemáticas, lengua, ciencias sociales y naturales (¡pfff!), y cinco años de experiencia en la elaboración y diseño de materiales educativos.

Sí, Chucha. Solo le faltó advertir que les aplicará el polígrafo para descartar a quienes nieguen haber gozado los líneas que comienzan Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Escribir, por ejemplo: La noche está estrellada, y tiritan, azules, los astros, a lo lejos…”. ¿Acaso ese texto (Neruda) sirve para “cuestionar el entorno”? Lo único cuestionable es que Marx disfrute de la beca que le financiamos los contribuyentes.