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Muchos de los seguidores de Donald Trump le siguen teniendo paciencia. No hay que perder de vista que son millones de estadounidenses los que todavía hoy creen que éste es un buen presidente y que va a regresar la grandeza de Estados Unidos, otra vez.

A pesar de sus bajos niveles de aprobación en estos dos meses de gobierno, no son pocos los que aplauden sus medidas proteccionistas y racistas, a pesar de que los hechos no lo respaldan.

Pero los mercados no tienen ni han tenido realmente esa paciencia con éste o con cualquier otro presidente de los Estados Unidos.

Las bajas que ahora experimentan los mercados no tienen que ver tanto con que se haya agotado la paciencia de los participantes de las bolsas de valores. Es simplemente que al hacer los cálculos entre lo que se ha adelantado a las decisiones del gobierno de Trump y los resultados, empieza a haber un peligroso vacío.

Desde que ganó las elecciones el republicano, los mercados financieros estadounidenses emprendieron un frenético camino de ganancias que llevó a los indicadores bursátiles a niveles máximos históricos.

Estaban muy animados y se apresuraban a estar presentes en las compras porque las promesas de campaña de Donald Trump apuntaban a un crecimiento robusto.

No importaba que muchos analistas les hicieran saber que sus planes podrían resultar insostenibles en el tiempo, incluso que muchos de sus planes no soportaban en más mínimo análisis de sentido común.

Ya habría tiempo en el futuro para vender de prisa y salir despavoridos en el momento en que aquel castillo de naipes se viniera abajo. Pero por ahora, había que comprar boleto para la fiesta fiscal y de gasto público que planeaba Trump. Y que además había prometido que ejecutaría desde los primeros días de su gobierno.

Y así han pasado más de dos meses y los planes son pocos y las políticas implementadas han sido combatidas hasta el punto de intentar dos veces vetos migratorios y dos veces toparse con la negativa del poder judicial a esas ideas tan absurdas.

La gran esperanza de los que compraron e impulsaron los máximos históricos de los indicadores bursátiles era tener un asiento de primera fila para el momento en que Trump presentara su plan de incentivos fiscales y que los alineados republicanos aprobaran, por aclamación, esos planes.

Bien, pues hasta ahora ni hay propuesta fiscal y tampoco se ve a una bancada republicana sumisa y totalmente alineada con los planes de la Casa Blanca.

Hoy en los mercados saben que al gobierno de Washington le va a costar trabajo articular un plan fiscal que realmente funcione.

Y en la parte del gasto público, si todos los planes de Trump son como su muro fronterizo, pues entonces tardará tiempo en llegar esa tierra prometida por el multimillonario.

No es falta de buena fe, o el agotamiento de la paciencia; lo que hacen muchos inversionistas al revender sus entradas a la gran América de Trump es ponerse a salvo por si las dudas. Por si realmente no puede este presidente hacer ni la mitad de todo lo que prometió. Son simplemente negocios.