Minuto a Minuto

Nacional Gobierno destaca reducción del 30 % de homicidios en Michoacán
El Gobierno federal reveló los resultados del Plan Michoacán por la Paz y la Justicia, implementado tras el homicidio del alcalde Carlos Manzo
Nacional Milenaria tumba zapoteca será abierta al público, anuncia Claudia Curiel
Claudia Curiel detalló que el INAH trabaja para abrir la tumba zapoteca al público y sumarla a los 5 mil sitios arqueológicos con los que cuenta Oaxaca
Nacional Asesinan en México a Santiago Gallón, narcotraficante vinculado al homicidio del futbolista Andrés Escobar
El presidente de Colombia, gustavo Petro, confirmó que el narcotraficante Santiago Gallón fue asesinado en México
Nacional CDMX en doble alerta por frío: Se esperan temperaturas de hasta 1°C este sábado 7 de febrero de 2026
El Gobierno de la CDMX activaron las Alertas Naranja y Amarilla por frío para las primeras horas del sábado 7 de febrero de 2026
Nacional Sarampión supera los 2 mil casos en lo que va de 2026
La Secretaría de Salud federal sostiene que los menores de 1 a 4 años de edad son el grupo más afectado por sarampión

Escuchado en Cartagena, 2007:

La actriz Giovanna Mezzogiorno fue la belleza mediterránea que encarnó a Fermina Daza en la versión cinematográfica de El amor en los tiempos del cólera.

Durante la filmación en Cartagena, le fue ofrecida a la actriz una casa remodelada del centro histórico de la ciudad, con su encanto intacto de muebles viejos, muros encalados y balcones de madera.

Al placer de hospedarse en un recinto con sabor a historia recobrada, siguió un desaguisado de casa vieja llena de fantasmas. No sabemos si Giovanna durmió tarde, sola, sobria o alborozada esa primera noche de su estancia en Cartagena.

Sabemos que la despertaron unos ruidos de alas pendencieras, y luego unos gorjeos y unos chillidos turbadores. Aguzó el oído y los oyó: rumiaban en la sombra cosas ininteligibles.

A la mañana siguiente, agradeció la hospitalidad recibida y se mudó a un hotel, diciendo que en la casa había ruidos y algo más. La casa, conocida y habitada de sus dueños por largas temporadas, no había dado nunca que decir respecto del silencio apacible de sus muros.

Llevaba unos meses deshabitada, pero para entregarla a Giovanna había sido sometida a una minuciosa renovación. Rechinaba de nueva en su soberbia antigüedad.

Los anfitriones fueron a investigar. Nada raro encontraron en una primera búsqueda ni en una segunda, y se disponían a pasar la noche ahí para que nada faltara en sus investigaciones, cuando al abrir un armario sin uso, en el altillo decorativo, oyeron un ruido, y luego otro y un gorgorito.

Voltearon el armario para descubrir que estaba puesto contra un ventanillo roto, olvidado de años, y que el armario tenía también rota la espalda, a la altura de una cajonera.

Al acercarse a mirar por el hoyo les salió a mirar un búho desmañanado, con todas las trazas de mal humor que pueden caber en el cabecear y aletear de un búho.

Pudieron mirar suficiente para saber que el búho cuidaba a su búha, la que a su vez criaba a dos buhitos en la cajonera.

Y eran este búho, que salía por la noche a traer comida, y esta búha que la comía con sus crías en alegre cónclave, los fantasmas que habían espantado el sueño de Giovanna, en la noche mágica de Cartagena.