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Mucho se ha comentado de la reciente revisión de estimados de crecimiento global por parte del FMI publicada hace un par de semanas. Gran parte de la atención se ha centrado sobre la revisión a la baja para el 2022 de 4.4 a 3.6%, mientras que la reducción en los estimados para el 2023 (de 3.8 a 3.6%) pasó casi desapercibida.

Sin embargo, como comentamos en la edición de Sin Fronteras del 21 de abril, parecería que la reducción de estimados del FMI se puede quedar corta, tanto para el 2022 como para el 2023, ya que el balance de riesgos apunta a nuevas revisiones a la baja.

Dentro de los factores de riesgo hay algunos de carácter coyuntural, como el choque provocado por la guerra en Ucrania y los nuevos encierros en China provocados por brotes de Covid. Sin embargo, también hay factores importantes de carácter fundamental entre los que destacan el retiro de los estímulos fiscales, el endurecimiento de la política monetaria y las fuerzas de desglobalización.

Estos tres factores fundamentales no son nuevos, ya venía perfilándose desde el 2017-19 pero la llegada de la pandemia reactivó la maquinaria de los estímulos fiscales y monetarios a un ritmo corregido y aumentado en comparación con la última crisis económica a nivel global.

Esta nueva vorágine de estímulos dio pie a una robusta recuperación y terminó por opacar, temporalmente, a estos vientos en contra de carácter fundamental que venían incidiendo negativamente en el ciclo económico. En la actualidad, estos factores fundamentales han vuelto a adquirir relevancia.

La diferencia principal entre el 2017-19 y el presente es que el contexto luce más complicado. Por un lado, tenemos los factores coyunturales que mencionamos al principio de este texto y que han provocado la peor inflación en 40 años. Adicionalmente, la guerra en Ucrania amenaza con crear una escasez de alimentos y energía que podría tener un impacto desproporcionado en la actividad económica en algunas regiones en específico.

En la parte alimenticia, hay países emergentes que tienen inventarios de granos muy limitados. De los países que importan granos dentro del mundo emergente solamente China tiene un acervo de reserva que supera los seis meses.

En la parte energética, la región más vulnerable es Europa debido a su dependencia de las importaciones de gas y petróleo provenientes de Rusia. La gravedad del potencial impacto de estos dos factores dependerá en gran medida de la duración del conflicto armado. Si la guerra se prolonga, el crecimiento económico en varias regiones va a sufrir de manera considerable y el daño podría tardar varios trimestres en revertirse.

El contexto se complica porque a diferencia del 2019, las herramientas de estímulo, tanto monetarias como fiscales, se encuentran prácticamente agotadas. Adicionalmente, la velocidad y magnitud del retiro de estímulos monetarios en este ciclo será mucho menos gradual que la observada en el ciclo anterior.

La Fed podría verse obligada a subir la tasa entre 3 y 3.5 puntos porcentuales en este 2022. Un incremento de esta magnitud no ocurre desde 1980. Lo más semejante en los últimos 30 años fue el incremento de 2.5 puntos porcentuales en 1994. En ambos casos, la economía estadounidense cayó en recesión.

Pero esto no es todo, la Fed también estará retirando liquidez del mercado al reducir el tamaño de su balance a un ritmo mucho más rápido que el observado durante la década pasada.

A menos de que el conflicto armado en Ucrania concluya en un futuro próximo, lo más probable es que haya nuevas revisiones a la baja en los estimados de crecimiento global para el 2023.