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La Fed siempre ha tenido un mandato dual que procura la estabilidad de precios y el pleno empleo.

Por el lado de estabilidad de precios, la Fed ha tenido un objetivo concreto de 2% para la inflación subyacente, medida a través del Índice de Precios Subyacentes del Gasto en Consumo Personal, conocido como el Core PCE en inglés.

Sin embargo, a principios del 2019 la Fed comenzó una discusión interna para adaptar el uso de sus herramientas de política monetaria para cumplir de manera más eficiente con el objetivo dual ante los retos impuestos por el contexto de ese momento.

En su intervención en el Simposio de Política Monetaria de agosto del 2020 en Jackson Hole, Wyoming, Jerome Powell enfatizó que entre 1970 y el 2007, la principal preocupación de la Fed fue el combate a la inflación y que sus herramientas de política monetaria estuvieron principalmente enfocadas en fomentar la estabilidad de precios y anclar las expectativas de inflación de largo plazo.

Sin embargo, a partir de la Gran Recesión del 2008-09, la Fed dio un viraje a su política monetaria para combatir un escenario de posible deflación e impulsar el pleno empleo.

Una vez superada la resaca de la Gran Recesión, la Fed emprendió un proceso gradual de normalización de su política monetaria. Sin embargo, la llegada de la pandemia en el 2020 obligó a la Fed a reactivar e intensificar las medidas de estímulo monetario.

En ese contexto, modificó el marco de referencia para la toma de decisiones de política monetaria. Dicho cambio consistió en modificar el objetivo de inflación de una meta puntual de 2%, a un objetivo “promedio de 2 por ciento”.

En esencia, este cambio ha permitido a la Fed privilegiar el mandato de pleno empleo, manteniendo una política monetaria expansiva aún con una inflación por arriba de la meta puntual de 2 por ciento.

A poco más de tres años de esta decisión, está claro que la combinación de una política fiscal altamente estimulante y una política monetaria que privilegió el crecimiento sobre el combate a la inflación, generaron fuertes presiones inflacionarias que no fueron temporales. Ante esta situación, la Fed se vio obligada a implementar su ciclo alcista más acelerado de los últimos 40 años.

Aunque la inflación subyacente en Estados Unidos ha bajado desde un pico cercano de 9 a 3.5% en octubre, los especialistas anticipan un camino más largo y complejo para llevarla hasta el objetivo de 2.0 por ciento.

Para algunos observadores, la única receta para que la inflación converja con la meta es a través de una recesión o por lo menos una profunda desaceleración. En este contexto, hay voces que sugieren que la Fed debería modificar su meta de inflación a 3% para hacerla consistente con el mandato dual de promover el pleno empleo.

Estas voces argumentan que, durante los últimos 35 años, la meta de 2% fue alcanzable gracias a la globalización, el cambio tecnológico y la disminución en los precios de los energéticos. Estas mismas voces apuntan a que en el contexto actual de desglobalización (o regionalización) y de transición energética, nos debemos de acostumbrar a niveles de inflación más altos.

Por el momento, se antoja difícil que la Fed modifique su objetivo de inflación, por lo que las tasas podrían bajar menos a lo esperado por el mercado en el 2024.