La publicación más reciente de los índices de actividad de servicios y manufacturas en China confirma la desaceleración que viene gestándose desde hace varios meses.

Después de casi dos décadas creciendo a tasas cercanas a 10%, la desaceleración a tasas promedio más cercanas a 6-7% en los últimos años era un suceso económico natural y anticipado.

Como hemos abordado en este espacio, la economía china enfrenta cambios fundamentales en su trayectoria de crecimiento, derivados del agotamiento normal de un modelo económico en transición.

Hasta hace poco, la transición estaba principalmente relacionada a factores exclusivamente económicos entre los que destacan los siguientes: i) un agotamiento del modelo basado en la manufactura barata y las exportaciones; ii) los rendimientos decrecientes de un ambicioso esfuerzo de inversión pública en infraestructura; iii) la migración hacia un modelo basado en el consumo doméstico; y iv) el deterioro de la pirámide demográfica resultado de años de política de un solo hijo.

Ninguno de estos factores llega como sorpresa, sin embargo, hay factores geopolíticos que han exacerbado el proceso de desaceleración.

Dentro de estos factores destacan la iniciativa de Estados Unidos para acotar su relación económica con China y la llegada del Covid-19 que evidenció la importancia de tener cadenas de suministro más confiables y cercanas.

Aunque no se puede afirmar que el carácter de las fuerzas detrás de estos factores sea permanente, todo indica que China deberá aprender a vivir con estos vientos en contra por lo menos en el mediano plazo.

No obstante, hay otro factor fundamental que está cobrando factura a la actividad económica en China: la decisión del gobierno de Xi Jinping de anteponer los objetivos políticos a los económicos.

El crecimiento económico ha sido el principal objetivo del Partido Comunista Chino durante las últimas tres décadas, pero esta situación está cambiando.

Hace un par de semanas, Stephen Roach publicó un artículo muy interesante al respecto en la plataforma de Project Syndicate. Roach es catedrático de la Universidad de Yale y anteriormente fue el economista en jefe a nivel global de Morgan Stanley y Chairman de la misma firma en Asia.

Roach, que es un especialista en análisis económico y política en China, plantea en su artículo que China está atravesando una profunda transformación ideológica que ha traído una serie de medidas para incrementar el control político y regulatorio del gobierno.

Dentro de estas iniciativas destacan los cambios regulatorios en sectores de alto crecimiento como el tecnológico y el de telecomunicaciones así como en sectores relacionados al día a día de la población china como el educativo y el de entretenimiento y ocio.

Otra medida que ha pasado una factura altísima al crecimiento ha sido la política de Covid-cero bajo la cual se han implementado órdenes de encierro a ciudades completas después de detectar unos muy pocos casos de Covid-19.

En cierta medida, Roach argumenta que la desglobalización que está afectando a la economía china ha sido más una consecuencia de las decisiones políticas de China de jugar un papel antagónico ante las potencias de occidente que una ofensiva iniciada desde Estados Unidos.

Para Roach, la China de Xi está más preocupada por el poder político, la ideología y el control, que por el crecimiento económico.

El precio en la forma de una desaceleración, cada vez más evidente, es algo que el gobierno de Xi parece estar dispuesto a aceptar.