Los datos del PIB al segundo trimestre – publicadas a finales de julio – muestran aún una región europea con cifras sólidas de crecimiento.

El PIB de la zona euro registró un crecimiento de 0.7% en el segundo trimestre del 2022 con respecto al primer trimestre y 4.0% con respecto al segundo trimestre del 2021.

Asimismo, el PIB de la Unión Europea (que además de los países de la zona euro incluye a Bulgaria, Croacia, República Checa, Dinamarca, Hungría, Polonia, Rumania y Suecia) creció 0.6% contra el primer trimestre de este año y 4.0% contra el segundo trimestre del 2021.

Estas cifras implican un ritmo de crecimiento similar al observado durante el primer trimestre de este año. Sin embargo, todo apunta a que una desaceleración importante para la segunda mitad del año es inminente y un creciente riesgo de recesión para los próximos 18-24 meses.

Tanto la zona euro como la Unión Europea enfrentan vientos en contra que amenazan con intensificarse de manera importante. El primero de los factores en contra es la normalización de la política monetaria para combatir las presiones inflacionarias.

En julio, el Banco Central Europeo (ECB, por sus siglas en inglés) implementó un incremento de medio punto en la tasa de interés de referencia para dejarla en 0.50% y la expectativa del mercado es que la tasa termine el año cerca de 1.0 por ciento.

El segundo factor, que juega un papel más importante, tiene que ver con las consecuencias de la invasión rusa a Ucrania y la considerable dependencia energética de algunos países europeos (principalmente Alemania) al suministro de gas natural proveniente de Rusia.

En julio, Rusia puso en mantenimiento el principal ducto de suministro a Europa Occidental, reduciendo los flujos de gas natural temporalmente. Desde entonces, Rusia ha aumentado los flujos de gas gradualmente pero los niveles siguen muy por debajo de lo normal.

De mantenerse esta situación, el aumento estacional en la demanda de gas en el invierno combinado con una oferta restringida provocaría un fuerte incremento en los precios del gas y una crisis energética.

La única manera de evitar este escenario es con un programa de reducción en el consumo de energía a nivel industrial lo cual tendría un impacto muy negativo en el PIB.

De no darse este recorte en la demanda, el incremento en los precios generaría un boquete en los bolsillos de los consumidores que también tendría un impacto negativo en el PIB.

El país más afectado sería Alemania que a su vez es la economía más grande de la Unión Europea.

En tercer lugar, hay un factor totalmente exógeno que está creando disrupciones en las cadenas de suministro en Europa. Este factor es una sequía histórica en el río Rin que ha llevado los niveles de agua a mínimos históricos en los que la navegación, en ciertas zonas clave del río, puede verse impedida.

Los niveles de profundidad del río en zonas cercanas a Fráncfort están en 40 centímetros. Si el agua continúa bajando, el tránsito de barcazas por el río se verá comprometido. Las barcazas no podrán llevar sus niveles normales de carga y en algunos casos el transporte de mercancías dejará de ser económicamente viable.

Esta situación en el Rin podría tener repercusiones en el resto de Europa y contribuir a un entorno económico que ya es frágil como consecuencia de las presiones inflacionarias y el choque exógeno generado por la invasión rusa a Ucrania.

La buena noticia es que la mayoría de los problemas parecen más de carácter coyuntural que estructural. Sin embargo, algunos de estos problemas coyunturales podrían prevalecer por tiempo indefinido, aumentando considerablemente la probabilidad de recesión para la zona euro y la Unión Europea.