Con la conclusión de la primera mitad del año el viernes de la semana pasada, vale la pena llevar a cabo un recuento de lo sucedido hasta ahora en los mercados, incluyendo su desempeño contra las expectativas al inicio del año y su panorama para la segunda mitad de este 2023.

Después de un 2022 muy complejo, en el que ninguna de las principales clases de activos financieros, con la excepción de los commodities, se salvaron de un importante ajuste a la baja, el 2023 comenzó con expectativas moderadamente optimistas.

Después de la caída de 20% en el 2022, el consenso de expectativas a principios de este año pronosticaba un aumento de tan solo 4.5% en el S&P 500 para el 2023. Con dicho aumento, el nivel objetivo del S&P 500 para fin de año se ubicaba en 4,031 puntos.

Este objetivo tomaba en cuenta una desaceleración considerable en las utilidades de las empresas (con un crecimiento de únicamente 4.5%) y un nivel de múltiplos de valuación estable para el mercado.

Sin embargo, los especialistas más optimistas apuntaban a un nivel objetivo para fin de año entre 4,200 y 4,400 puntos en el S&P 500, lo cual implicaba un incremento entre 7 y 12% con respecto al cierre del 2022.

Claramente, el desempeño de los mercados ha superado ampliamente a las expectativas más optimistas de los analistas, ya que el S&P 500 cerró la primera mitad del año con un incremento de 16%, alcanzando un nivel de 4,450 puntos.

Sin embargo, este sorpresivo desempeño fue impulsado casi en su totalidad por un puñado de acciones de empresas con un gran peso en el índice, cuya alza se explica por su participación en el desarrollo de tecnología relacionada a la Inteligencia Artificial.

Las alzas de Apple (+50%), Amazon (+55%), Google (+36%), Meta (+139%), Microsoft (+41%), Nvidia (+190%) y Tesla (+115%), explican casi 94% del alza en el S&P 500 en lo que va del año. Al excluir estas siete empresas, cuyo peso en el índice es de casi 24%, el retorno para el resto del S&P 500 en la primera mitad del año fue de tan solo 1 por ciento.

Esto quiere decir que el buen desempeño de los mercados está más relacionado con las expectativas transformadoras de la Inteligencia Artificial, que con un desempeño mejor al esperado de las utilidades de las empresas.

Si bien es cierto que la economía global, y en particular la de Estados Unidos, han desafiado todos los pronósticos de recesión e incluso la desaceleración ha sido mucho menor a lo esperado, también es cierto que la inflación se mantiene persistentemente alta y que los bancos centrales, empezando por la Fed, han elevado las tasas de interés muy por arriba de lo anticipado a principios de año.

En este contexto, la segunda mitad del año podría ser menos favorable para los mercados. Por un lado, están quienes apuestan a que las empresas que no han sido arrastradas por el rally de la Inteligencia Artificial comenzarán a unirse al mercado alcista porque sus resultados serán mejor a lo esperado.

Por otro lado, están quienes argumentan que la desaceleración económica se hará más tangible en la segunda mitad del año como consecuencia del alza en tasas para llevar a la inflación a los objetivos de los bancos centrales y que, lejos de unirse al rally, el resto del S&P 500 tendrá un desempeño poco atractivo.

Además, hay quienes argumentan que el mercado alcista actual es simplemente una burbuja impulsada por la ilusión de la Inteligencia Artificial, similar a las observadas en el 2000 (la burbuja del punto com) o la del 2008 (la burbuja del sector inmobiliario).

Aunque esta última conclusión es incierta, lo que no es disputable es que la inflación se mantiene alta y que el impacto del alza en tasas tendrá un costo en términos de crecimiento económico, a pesar de que la actividad y los mercados laborales han sido más resistentes de lo anticipado.