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Que quien quiera cambiar un peso 
por un billete verde lo encuentre.

Los banqueros están reunidos en su convención anual, atentos pero tranquilos en medio de un escenario financiero internacional muy agitado por el cambio en la política monetaria de las economías más importantes del mundo.

Nada que ver con lo que sufrían hace 20 años, cuando de hecho se tuvo que cancelar la Convención Bancaria como resultado de la crisis financiera, bancaria y económica que tuvo a México como epicentro y que el mundo conoció como el efecto tequila.

Y pensar que un año antes a ese año trágico aplaudieron hasta no poder más al entonces presidente Carlos Salinas de Gortari.

Afortunadamente, desde entonces a la fecha se ha dado un proceso de reforzamiento financiero y de renovación bancaria. Tanto que la cara de la banca resultaría irreconocible para alguien que solamente recuerde cualquier convención previa a la crisis de 1995.

Pero si hoy puede el secretario de Hacienda, Luis Videgaray, pasearse a gusto por los pasillos y tener innumerables reuniones con banqueros y reporteros es porque hay un esquema de transparencia que lo permite.

No es como en aquellos días en que llevaban, por ejemplo, en una caja de cristal al director del Banco de México (Banxico) para que diera cuenta del monto de las reservas internacionales del país. Un dato que sólo se conocía dos veces al año.

Hoy el estado de cuenta del Banxico es un documento público y periódico. Por eso, quizá la apariencia de tranquilidad que tienen los funcionarios públicos del sector financiero es verdadera.

No hay un tipo de cambio objetivo como solía existir hasta la mitad de los años 90, hay un monto de reservas internacionales muy respetable y cercano a 200,000 millones de dólares, hay una línea de crédito contingente del Fondo Monetario Internacional que pocos tienen y que suma otros 70 millones de dólares para jugar a las vencidas con los mercados.

Hay más. Existe una percepción positiva desde el exterior sobre la estabilidad financiera y el potencial de crecimiento con reformas como la energética. Vamos, si se desata una guerra financiera especulativa los disparos llegarían primero a Brasil, que es más fácil de tirar que México.

El tipo de cambio alcanzó 15.90 (tomemos el nivel de menudeo por ser más espectacular y de mayor dominio público) para bajar el miércoles a 15.40 y regresar el jueves a 15.60.

El dólar rebotó frente a la canasta de divisas después del tropezón que se dio por la comunicación de la Reserva Federal (Fed), pues el mercado está en momentos volátiles.

Lo verdaderamente importante para la moneda mexicana es que haya dólares en el mercado, que quien quiera cambiar un peso por un billete verde lo encuentre, lo mismo en las casas de cambio del aeropuerto que en las operaciones de mayoreo.

Por eso, el mayor apuntalamiento para la moneda mexicana no está en el tono que asumió ahora la Fed, sino en la determinación de la Comisión de Cambios de decirle al mercado que si quiere dólares ahí tiene, de entrada, 52 millones diarios para que fluya adecuadamente.