Líder mata tecnócrata


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Norma Meraz¡Digamos la verdad!

Este sexenio del presidente Enrique Peña Nieto está marcado por la descomunal corrupción, la frivolidad, la incompetencia y el desgobierno

El tiempo avanza inexorable hacia el día ‘D’.

México, aceptémoslo o no, se encuentra sumido en la rabia y la desesperación frente a la violencia y la impunidad.

¿Con qué grado de inconformidad llegará el electorado el domingo uno de julio a depositar su voto?

¿Con qué estado de ánimo decidirán los mexicanos la elección de sus gobernantes?

La incredulidad social, por desgracia, carcome el ambiente político, aunque salpicado de emoción futbolera, no deja de ser preocupante.

El Gobierno Federal tiene “muchos fierros en la lumbre “, como dicen en mi pueblo cuando existen muchos asuntos por resolver al mismo tiempo todos en un grado de descomposición preocupante.

Este sexenio del presidente Enrique Peña Nieto está marcado por la descomunal corrupción, la frivolidad, la incompetencia y el desgobierno.

Ante esta realidad, difícil es pensar que la atmósfera que se respira aporte el oxígeno suficiente para mantener el cuerpo social en condición saludable.

Por si fuera poco, la discursiva de las diversas fuerzas políticas, se caracteriza por abundar en acusaciones  entre los contendientes y provocar guerra sucia para descalificar o desabarrancar a uno u otro candidato. La violencia, la muerte de casi 120 candidatos es el resultado.

Eventualmente, los candidatos presidenciales incorporan en sus mensajes señalamientos de los problemas que aquejan al país, pero escasamente  prescriben recetas para aliviar al paciente que se debate en la sala de terapia intensiva.

En otras palabras, ha escaseado en el frugal diagnóstico, el cómo sacar al paciente adelante.

Poco se habla de las campañas de candidatos a senadores, diputados federales, locales y alcaldes.

La atención se centra en la campaña presidencial.

De la elección a gobernadores se ocupa poco la opinión  pública nacional, aunque existen marcados datos de las preferencias en los ocho Estados y la Ciudad de México donde se elegirán gobernadores. Los datos al día de hoy indican que el PRI podría ganar Yucatán, aunque si el Revolucionario Institucional pierde ese Estado, quedará desfondado y con presencia muy reducida en el Congreso Federal.

El dirigente del PRI, René Juárez, apenas atina a esbozar que reconoce la existencia de un ánimo popular adverso, cuando en realidad se viven días y noches en las que predomina el asedio de la violencia.

El presidente Peña le apostó a un candidato que no es priista, que los priistas no quieren, que su equipo de campaña y él mismo, gastaron mucho tiempo para darlo a conocer y que  es un hombre impoluto y funcionario eficiente.

Solo que con esa estrategia de venderlo como hombre con experiencia en la administración pública no fue suficiente.

Administrar no es gobernar y un buen administrador no necesariamente es buen político y menos buen gobernante.

Esta coalición encabezada por el PRI realizó una campaña  de autoengaño. El candidato José Antonio Meade tiene un problema de personalidad que está en su naturaleza; no sabe como tocar la piel sensible de los mexicanos.

Sin embargo, la tribu de itamitas disfrazados de políticos  están empeñados en ganar la Presidencia de México.

Si vemos la otra parte, la coalición PAN-PRD-MC  solo evidencia ser un rompecabezas al que le faltan piezas.

Su candidato Ricardo Anaya, haciendo alarde de su capacidad para debatir, libró el primer encuentro  mediático del que salió supuestamente airoso, solo que después se le acabó la gasolina. El tiempo de la campaña corría y el se ocupó en defenderse de la acusación por lavado de dinero que le hizo el Gobierno utilizando a la Procuraduría General de la República como instrumento para bajarlo de la contienda.

Perdió tiempo en esa autodefensa y así llegaron el segundo y tercer debate sin el éxito esperado.

Las encuestas no le favorecen y aunque estas solo son buenas herramientas, no son precisamente predictivas.

El puntero en las preferencias de los electores, al día de hoy, es un personaje que tiene camino andado en esto de las campañas.

Andrés Manuel López Obrador ha sabido capitalizar el enojo y el encono que hay contra el gobierno, además de  que  conoce muy bien a México y a los mexicanos.

Se le critica porque no colecciona títulos de doctorado y no habla inglés. ¿Acaso este es impedimento constitucional  para que sea Presidente de este país?

Morena, el partido que él fundó y dirige, es un movimiento político surgido de un sentimiento anti sistema. Habla en el lenguaje de la gente común, en el lenguaje que entiende el mexicano del norte y del sur y no necesita hablarles en inglés.

Andrés Manuel López Obrador es un líder político al que no se le apostaba para figurar en el escenario nacional y resultó que “líder mata tecnócrata”.

Se acerca el día “D” y el Tribunal Federal Electoral, Trife, llega en medio de una crisis de confianza. Si vemos cuáles son las causales de nulidad de elección, son:

Rebase de tope de gastos de campaña; separación Iglesia-Estado; Intervención de gobernador inequidad en medios; propaganda negra y empate de candidatos .

De estas causales, por lo menos la mitad aplicaría para anular las elecciones.

La tribu itamita seguramente conocerá estos lineamientos  y se apegaría a ellos a la hora de perder. Solo que de llegar a la anulación, ninguno de los candidatos de hoy, podrían volver a contender.

Cómo asumirán los perdedores su derrota?

Surgirán indudablemente muchas dudas, tentaciones y hasta madruguetes.

El reto del que resulte ganador de la elección será en primera instancia: instaurar la gobernabilidad hoy perdida

Que difícil panorama, pero es necesario que Digamos la Verdad.