En estos tiempos en donde la conexión entre culturas, países y seres tan distintos entre un polo y otro del universo pueden convivir y opinar de cualquier tendencia de música, de cine, de arte y de fútbol, nos topemos con un mundial de fútbol en donde no vemos a muchas mujeres en las gradas a la hora de los juegos, en los festejos en las calles y ni hablar del veto que el país sede puso para todo aquél que fuera parte de la comunidad LGTBI.

Las denuncias de violación a los derechos de las mujeres y a los homosexuales, son muchas. A pesar de que los cataríes prometían apertura y tolerancia, la realidad es otra.

Aunque las estadísticas arrojen que en Qatar uno de cada cuatro habitantes es mujer, en las calles se ven pocas mujeres. Incluso en la propia inauguración únicamente apareció una mujer, quien fue la cantante Dana al-Fardan con el rostro tapado, como dicta la tradición en este país.

Las mujeres que decidieron ir al mundial, tendrán que seguir las reglas que el país impuso para todas, sin ningún tipo de excepción. Más allá de no ingerir alcohol en lugares públicos, no mostrar hombros, rodillas o algún tipo de escote. No podrán usar faldas, shorts y esperan que utilicen pantalones amplios, faldas largas o vestidos largos.

Disfruto viajar y tengo claro que las reglas de cada cultura, son reglas y hay que respetarlas, siempre y cuando no traspasen tu dignidad como ser humano.

Durante estos dos días que va del mundial, las tribunas son en su mayoría, sino en su totalidad, hombres ataviados con la playera de su selección o vestidos de blanco.

La imagen de hoy me atrapó desde que me apareció en la lista de imágenes cubiertas por los fotoperiodistas de la agencia EFE en tierras mundialistas.

La gente que no puede acceder a los estadios cuenta con áreas a las afueras de estos para poder ver los juego a través de pantallas, los llamados Fan Festival en el centro de Doha.

La mujer sentada en el piso, como el resto de la gente, vestida de jeans y tennis negros, con su jersey de Colombia y un vaso rojo de cerveza Budweiser observa el juego de Estados Unidos contra Gales.

Pareciera que ni parpadea y que su atención en el partido, hace ignorar por completo al fotógrafo que apareció a su costado derecho.

Allí a su lado, la más cercana también es mujer y va con un niño en sus brazos y el resto hombres y más hombres.

¿Por qué cuesta entender que a las mujeres nos gusta el futbol? Bueno qué decir de gustar, apasionar. En este mundial retrógrada que limita y humilla los derechos humanos de mujeres, las relega de esta manera. A creer que incluso las locales no tienen interés o ni siquiera entienden las reglas del juego de los 11 contra 11.

La fotografía de Martin Divisek es el reflejo de lo que una mujer latina, porque sus rasgos así parecen, se enfrenta al acudir a ver un juego. Quién sabe si se aventuró o fue sola, o si su marido sí pudo entrar al juego y ella no. Podríamos narrar distintas historias, pero lo que se ve, sí se juzga y es una mujer latina, aislada del resto de la comunidad local.

Esto es un mundial de fútbol, en pleno siglo 21.

Un mundial primitivo - 0a811c8188b4aab15f8299dc0a89f0404b21dbebw-1024x682
Foto: EFE/EPA/MARTIN DIVISEK