Por más que estemos atentos a lo que sucede del otro lado del mundo, con la invasión de Rusia a Ucrania. Con las imágenes cayendo de golpe día tras día, en donde vemos el dolor y la angustia en los rostros de madres, muchos niños, las enfermeras con los recién nacidos resguardados en bunkers, los edificios destruidos y un sinfín de hechos que nos llevan a concientizar sobre la lucha de poderes de aquél lado del planeta.

Más allá de todo eso, tenemos todo lo que pasa en nuestro país que sin llegar a comparar, por ningún motivo, con lo antes mencionado, estamos perdiendo la batalla en las calles con la inseguridad, en los hospitales con la falta de medicamentos, en las escuelas con instalaciones inadecuadas para su regreso, en los hogares donde hay jefas de familia con la pérdida de las escuelas de tiempo completo, para las mujeres violentadas que cada vez se quedan sin ningún tipo de apoyo y refugio, por solo hacer un breve resumen.

Estamos ante una crisis que no solo la adelantaron muchos especialistas en la policía y economía, pero sobre todo estamos ante un personaje que por aparecer diariamente, cada mañana, está terminando por ser un total desconocido para muchos de los que fueron sus seguidores durante la década en la que vivió en campaña política para llegar hasta el lugar que hoy ocupa.

El presidente y su imagen, la que se interpone a lo que sucede allá afuera y lo que dice. A su claro desinterés por lo que no le beneficie en la pauta de la agenda. Pareciera que vivimos una especie de rivalidad entre lo que vivimos los ciudadanos y lo que se vive en el palacio.

A diferencia de todos los lunes que aparece un poco más inflamado de los ojos y el rostro completo por la desmañanada, los miércoles aparece mejor y suele sonreír y soltarse un poco más con los personajes de la prensa que acuden a verlo de cerca.

El señor presidente aparece sonriendo, hoy en repetidas ocasiones hasta de buen humor, por eso rescato la fotografía que hoy reparte a todas las agencias informativas la oficina de la Presidencia de México.

Ni el mundo, y ni México estamos para reírnos, ni para estar de buen humor ante las cámaras y los ojos de millones de ciudadanos. Por eso jefes de estado como Macron o el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau quienes tienen un espectacular manejo de imagen, eligen de manera correcta la imagen que sí debe de proyectarse.

La preocupación, la seriedad, la concentración en su trabajo como su principal labor de cada día: la gente.

Entiendo que nos queda claro, que Andrés Manuel López Obrador solo piensa en él y es por eso que lo hemos ido conociendo durante estos tres años. Es más, por el solo hecho de saber que la prensa y los mexicanos tenemos en la cabeza la #CasaGris y la baja en su aprobación, debería de mostrarse más proactivo en “recuperar” lo perdido.

Pero no, el presidente no tiene atención para la masacre del fin de semana en San José de Gracia en el estado de Michoacán; no hay solución o aclaración sobre el cierre de las escuelas de tiempo completo que deja a 3.6 millones de niños sin saber qué hacer y ni se diga de las mamás que no podrán trabajar y cuidar a los chiquillos.

Tampoco le da tiempo para hablar de los feminicidios, al menos de los más recientes y ya viene el 8 de marzo en el que muchas mujeres saldremos a marchar para que un año más alguien nos escuche.

El presidente vivirá en palacio, pero quién sabe en dónde habite en realidad, porque en el México que usted y yo vivimos, parece que no.

En el quién es quién, no sé quién está detrás de ese rostro tan sonriente.

andrés manuel lópez obrador