Desperté por la mañana y al entrar a mis redes sociales lo primero que me apareció fue el video del fotoperiodista Wissam Nassar, donde aparece una procesión de un hombre cargando a un niño, quien recién había muerto por un ataque.

Alaa Qadoum, una niña de cinco años murió al recibir un ataque aéreo israelí en la Franja de Gaza, en la ciudad de Gaza. Ella estaba en su casa y de pronto, le quitaron la vida. La guerra la mató, la violencia la asesinó.

El video es dramático, doloroso y desgarrador.

El caminar del hombre, que más tarde sabríamos que era el abuelo cargando a su nieta llorando, mientras otros hombres a su alrededor tocan a la niña, le lloran y la van escoltando por las calles.

Su cuerpo tendido, envuelto en una bandera, sus ojos cerrados, como si tan solo fuera durmiendo, pero con sangre en su frente.

La peregrinación del funeral, la despedida de una pequeña inocente que fue víctima del odio y la interminable guerra.

La fotografía capta la rudeza de la escena, el fotoperiodista Haitham Imad quien tiene suficiente experiencia en cubrir la muerte, los funerales, las procesiones y las ruinas de los ataques a la zona, logra la escena del tremendo dolor del abuelo quien sostiene a su nieta con todas sus fuerzas, la pega a su cuerpo para no dejarla ir.

El padre de la niña, el joven de camisa de rayas, quien también por momentos carga a la chiquita, mira al hombre, que quizá es su padre.

Al fondo y alrededor, el dolor ajeno que se lo apropian los hombres de la comunidad, esa manera de unirse ante una injusticia y de adosar el coraje entre unos y otros.

Más al fondo, otra cámara, otro fotoperiodista local, y me atrevo a señalarlo así, porque no cuenta con ningún tipo de protección o alguna banda que lo distinga como prensa.

¿Cómo va a terminar esta trágica historia entre Israel y Palestina? No hay manera que las nuevas generaciones crezcan con otra manera de pensar. La muerte los persigue, la vehemente advertencia de bombardeos, ataques directos, de que sus casas sean destruidas en cuestión de segundos y con ellos la vida.

No hay manera que eso termine. Este conflicto se traduce en imágenes que han marcado concursos internacionales como el World Press Photo o el Pullitzer, y no es que se premie y se aplauda la muerte, sino el trabajo visual de quienes valientemente se unen a un funeral como el de esta niña.

Quienes viven en las zonas de conflicto en donde corren el mismo riesgo que todos, que salen a la caza de imágenes entre bombardeos y gritos.

Esta imagen es la guerra fotografiada.

EFE/EPA/HAITHAM IMAD