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El peso mexicano tuvo una de sus peores semanas frente al dólar, con una depreciación tan importante que no se había visto desde aquellos días del primer impacto de la pandemia de Covid-19.

El presidente Andrés Manuel López Obrador ha hecho de la paridad peso-dólar su indicador financiero favorito. Lo toma como un referéndum de los mercados al éxito de su administración.

Y hace muy mal, porque no siempre la depreciación del peso es responsabilidad de sus acciones de gobierno. Por lo pronto, el tránsito de los 20.90 a los 22.40 de los días pasados no estuvo a cargo de las pifias de la 4T.

Porque, si bien es cierto que hay muchas dudas del futuro económico de México, la mayor parte de los movimientos en el mercado cambiario mexicano, y de todas las monedas emergentes, tiene que ver con la fortaleza del dólar y su permanencia como la moneda de refugio en los tiempos de turbulencia.

Entonces, dejar claro que la depreciación del peso frente al dólar de estos días no fue culpa de la 4T no es como para ganarse una estrellita en la frente de un opinador bien portado y apoyador de un gobierno como este. Es, simplemente, un hecho.

Pero también lo es que, más allá de los efectos devastadores de la pandemia del Covid-19 sobre la economía, esta administración se ha dedicado sistemáticamente a espantar a la inversión privada que, como dice Alfonso Romo, jefe de la Oficina de la Presidencia, es la única opción para crecer.

Por alguna extraña razón Romo se mantiene en el gabinete del presidente López Obrador a pesar de que sus palabras de aliento al sector empresarial han perdido credibilidad ante la iniciativa privada y al interior del gobierno simplemente las ignoran.

Romo puede ser bienintencionado pero sus dichos no corresponden a las acciones de este gobierno, por lo tanto, se anula su voz.

Las barreras a la inversión privada son explícitas en muchos sectores, particularmente el energético, y son colaterales para el resto de los capitales privados con ese trabajo diario de destrucción de la confianza.

Por supuesto que evidenciar esta realidad no es algo que le guste al gobierno, pero no es una interpretación. La falta de confianza en la economía mexicana se ve en muchos indicadores objetivos, como la Inversión Fija Bruta, por ejemplo.

El Producto Interno Bruto de México ya estaba en recesión antes del primer caso de SARS-CoV-2 y eso fue resultado de las decisiones económicas de esta administración. Y la recuperación será mucho más lenta que la mayoría de las naciones similares a México, también por las estrategias del gobierno de Andrés Manuel López Obrador.

Si el gobierno y sus aplaudidores dicen que vamos requetebién y que México se recuperará en forma de “V”, que se crearán este año dos millones de empleos y que hoy los más pobres están mejor que antes, bien, pues tendría que reflejarse en la frialdad de los números, no hay más.

La divergencia de opiniones es algo propio de las democracias. No querer ver la realidad de las cifras objetivas, invocando el imaginario mundo de “los otros datos”, implica una complicidad inaceptable.

Dólar, se fortalece

  • El presidente ha hecho de la paridad peso-dólar su indicador financiero favorito. Lo toma como un referéndum de los mercados al éxito de su administración. Y hace muy mal, porque no siempre la depreciación del peso es responsabilidad de sus acciones de gobierno.
  • Es cierto que hay muchas dudas del futuro económico de México, la mayor parte de los movimientos en el mercado cambiario mexicano, y de todas las monedas emergentes, tiene que ver con la forta.
  • La depreciación del peso es responsabilidad de sus acciones de gobierno. Por lo pronto, el tránsito de los 20.90 a los 22.40 de los días pasados no estuvo a cargo de las pifias de la 4T.