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La palabra revolución es siempre exagerada, incluso si se usa metafóricamente, pero la verdad es que hay algo exagerado en el espacio abierto en la democracia mexicana por las candidaturas independientes.

Mejor: por la búsqueda de opciones independientes de una parte del electorado que vive en estado de rebeldía insustanciada frente a partidos y políticos oficiales.

Una encuesta de vivienda hecha hace dos semanas por Parametría, de Francisco Abundis, midió el ánimo independentista con una pregunta simple:

“¿Está usted a favor o en contra de que se sigan permitiendo las candidaturas independientes en las elecciones?”.

El 65 por ciento de los encuestados respondió a favor. En contra, 14 por ciento (“Mexicanos apoyan a los independientes”: Parametrìa.com.mx).

Apenas puede imaginarse una mesa política de futuro más sencilla y mejor puesta. Quien pueda capturar la imaginación de la mitad de ese 65 por ciento con una candidatura independiente, podrá instituir de golpe una revolución en la partidocracia mexicana, cuyo desprestigio acumulado no había tenido cómo manifestarse hasta ahora.

Las candidaturas independientes han abierto una rendija, en realidad un boquete, en la muralla de la partidocracia.

La revolución independentista no es de balas, sino de ánimos políticos, preferencias electorales, filias y fobias cívicas. Tiene adelante un camino tan sencillo y directo como el de deslindarse de la política establecida y poner casa aparte de partidos con registro y políticos de partido.

Nada tan desafiante para un establecimiento político como una rebelión dentro de los marcos institucionales.

Los hartos del status quo no tienen sino que acuñar un concepto potente que divida las aguas de las opciones electorales del país en dos grandes contingentes: el partidocrático y el independiente.

López Obrador ha acuñado una expresión que apunta hacia allá: “La mafia en el poder”. Pero él ha sido parte estelar de esa “mafia” y es hoy parte de la partidocracia.

Previendo la oleada independentista que viene, los gobiernos de algunos estados (Veracruz, Chihuahua, Tamaulipas) han cambiado sus leyes para multiplicar las exigencias de registro a candidatos sin partido.

Olvidan que “lo que resiste apoya” (Reyes Heroles). Es posible que en su afán de contener solo añadan al hervor independentista el prestigio de ser combatido con triquiñuelas burocráticas.

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