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Coincidiré con el presidente electo López Obrador en que la prensa ha hecho un barullo con su declaración sobre la “bancarrota” del país.

Le tocó ser el pagano de esa especialidad de la prensa que se llama declaracionitis, aguda en México, consistente en volver noticia lo que dice la gente, más que lo que hace.

López Obrador estaba en una gira y hacía una cosa interesante: calmar a sus oyentes respecto de las muchas cosas que le pedían.

Les dijo que cumpliría con las cosas que había prometido, pero no con todas las que le demandaban, porque no habría dinero para tanto.

Le preguntaron entonces si se estaba echando para atrás. Entró a una explicación larga, diciendo que no se podía hacer más de lo prometido, que el país estaba en bancarrota, que desde hacía 30 años no crecía, que la inseguridad era un desastre y la desigualdad también.

Usó la palabra “bancarrota” como sinónimo de “muy mal”, no como una descripción técnica financiera de la situación que hereda.

La discusión que siguió en la prensa borró el contexto y concentró las baterías en la “bancarrota” y el “se echa para atrás”.

El Presidente electo trató de restituir el sentido de sus palabras. No pudo. Saltó entonces a criticar los mecanismos de la declaracionitis de la prensa, y dio luego el salto mortal a criticar a la prensa por haberse mantenido callada y adulando al poder los últimos 30 años.

Su descripción de los mecanismos de la prensa de declaraciones es exacta: simplificar una declaración para hacerla escandalosa y luego mandar reporteros a buscar “las podridas” (declaraciones más escandalosas todavía).

Pero su juicio sobre el silencio de la prensa es simplemente falso. Hay al menos un aspecto en que la prensa no solo no se dedicó a alabar al poder, sino a criticarlo, al punto de pavimentarle el camino de la victoria a López Obrador.

Ese aspecto fue la corrupción. Según los datos de María Amparo Casar, en 1996 hubo solo 502 notas sobre corrupción en los medios. En 2014, hubo 29 mil 505.

Los medios sembraron en la opinión pública la crítica implacable a la corrupción, que benefició finalmente a quien pudo quedarse como candidato dueño de esa causa en 2018: el propio López Obrador (Excelsior, 19/10/18: http://bit.ly/2NpatXd).