Pandemia por coronavirus (Cobertura especial)

La multiplicación de los muertos

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Carlos MarínEl asalto a la razón

La dimensión del problema se antoja descomunal si se toma en cuenta que, según el vocero del tema, Hugo López-Gatell, el 25 de abril había en el país 610 hospitales COVID y este domingo dijo que ya son 739

Esta noche, en El asalto… de MILENIO Televisión, el neumólogo Iván Juárez da cuenta de la progresión de casos COVID-19 en el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores al Servicio de los poderes de Puebla, donde trabaja de lunes a viernes (sábado-domingo en el Hospital Ángeles Lomas en CdMx): si en la semana del 3 al 9 de mayo allá estaban internadas 17 personas y cada 24-48 horas ocurría un deceso, la pasada (del 10 al 16 de mayo) el número de encamados se duplicó y las muertes aumentaron a cuatro diarias.

Según deduce, si la Secretaría federal de Salud contabilizó alrededor de 200 fallecimientos por día en los primeros 15 días del mes (el 2 reportó 93; el 13, 353, y ayer 132), cabe aventurar que en la red hospitalaria pública y privada del país la cifra de muertes, cuando menos, está siendo el doble.

La dimensión del problema se antoja descomunal si se toma en cuenta que, según el vocero del tema, Hugo López-Gatell, el 25 de abril había en el país 610 hospitales COVID y este domingo dijo que ya son 739. ¿Cuántos pacientes en promedio están perdiendo la vida en esas instalaciones cada uno de los días que corren: los dos que aventura Juárez? ¿Uno, dos o cuatro entre 30 y tantos como los que saturan esa institución en Puebla?

Didáctico, el epidemiólogo López-Gatell transmite confianza tanto en lo que informa como cuando habla del presente y futuro inmediato de la población ante la pandemia. Me hace pensar en los atentos avisos que desde la cabina del avión se dan a los pasajeros cuando se pasa por una zona de turbulencia: si se mantienen en sus asientos y con el cinturón de seguridad abrochado, no tienen de qué preocuparse, las ráfagas de viento son inevitables pero los pilotos cuentan con sólida experiencia.

Habitualmente claro, al subsecretario federal de Salud no debe reprochársele más de la cuenta los dislates que de vez en cuando comete, desde la barbaridad de que el Presidente de la República no podría contagiar a nadie porque lo único que transmite es “fuerza moral”, hasta sus vacilaciones respecto del uso de tapabocas. Por más que se sobre exponga a cometer errores, todo indica que informa lo que sabe pero, lamentablemente, no parece interesarle dar cuenta de lo que para él, inexplicablemente, no tiene la menor importancia.

Por ejemplo: sus reportes del número de contagiados no consideran a los detectados por hospitales y laboratorios privados que, según el director general de Epidemiología (José Luis Alomía), el 16 de mayo sumaban 16 mil 450. La revelación fue motivada por el reproche que la semana anterior, en conferencia de prensa, hizo el representante de la Organización Mundial de la Salud en México (Cristian Morales) a las autoridades mexicanas, instándolas a incorporar el dato para dar cifras mucho más aproximadas a lo que está sucediendo.

Tampoco es racional ni convincente que en plena emergencia se le prohíba al Hospital ABC hacer pruebas serológicas…

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