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Serviles hasta la ignominia, pululan machuchones del gabinete presidencial que se aferran al hueso con la risible coartada de figurar en “la historia” entre los artífices de la cacareada “cuarta transformación”.

Pero si hasta en los microbuses hay rutas, dos o tres resaltan por su capacidad para tragar sapos: el mariscal anticovid, la secretaria de Educación y la vocera del vocero. Sonriente y cachetón, Hugo López-Gatell apechugó ser descalificado en su cara por el presidente López Obrador en lo del semáforo de la pandemia (que sirve tanto como la carabina de Ambrosio) cuando, contra el rojo que asignó a la capital, se impuso el naranja que prefirió la jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum.

Esto le sorrajó el Presidente: “No hay diferencias de fondo, ya se decidió, porque corresponde al gobierno de la ciudad que se tiene semáforo naranja y eso es lo que se está llevando a cabo. Lo importante es que no hay tantas restricciones, porque lo cierto es que ya es momento de que nos cuidemos, de que nosotros mismos nos cuidemos. Yo respeto mucho al doctor Gatell, a todo el equipo de la Secretaría de Salud, al doctor Alcocer, tenemos muy buena relación, pero en este caso nosotros estamos convencidos de que el semáforo es naranja, pero la última información que tenemos es, con base en la información, con datos científicos duros, no es un tema de ocurrencia o de que nada más queramos decir que estamos en naranja…”.

¿Resulta entonces que los “datos científicos” de López-Gatell eran blandos?

Y lo sucedido con la secretaria Delfina Gómez es igualmente vergonzoso: primero, ante López Obrador en la conferencia presidencial demeritada como la mañanera, la funcionaria dio a conocer un decálogo insulso e insuficiente de precisiones con miras al regreso presencial a clases, rematado con la petición de una carta responsiva de los padres.

Quizás AMLO no prestó atención a la profesora porque al día siguiente, en el mismo recinto, arremetió: “¿Ustedes creen que yo tuve que ver con la carta? ¡Pues no!, fue una decisión abajo. Si me hubieran consultado habría dicho: ‘no, somos libres, prohibido prohibir’, pero aún tenemos que terminar de limpiar el gobierno de corrupción, ineficiencias y demoras (…). Que nadie se preocupe, es voluntario. ¿No quieren llevar a los niños, a las niñas, a la escuela? No se llevan y no hay ningún problema, seguirá habiendo clases por televisión, por internet, como si fueran clases presenciales, pero no es lo mismo, eso hay que tenerlo muy claro…”.

Desvergonzada también, la diputada suplente de Morena que le hace de vocera del vocero presidencial para bulear a periodistas y medios con la obscena sección quién es quién en las mentiras, negó con descaro lo que tanto Delfina Gómez como López Obrador habían autenticado: “Esta información inventada fue difundida por medios y comentaristas.

El objetivo de difundir el documento era apuntalar la crítica contra el Gobierno de México por el regreso a clases…”. Indignos, también son incapaces de renunciar.