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Pocas veces los reporteros necesitamos aplausos. Mucho menos del poder. Cuando mucho la aspiración consistiría en el reconocimiento al trabajo y el respeto al oficio cosas extraviadas en los pantanosos terrenos de la improvisación y la hipocresía de los personeros de la cuarta transformación, poblada de incapaces ya no para escribir un periódico, sino hasta para leerlo correctamente, sin el anteojo empañado de sus obsesiones.

Por eso la actitud de nuestro compañero Daniel Blancas de enrostrar al presidente y sus mendaces acólitos durante la homilía del pasado jueves, es digna de elogio. Por su verticalidad, corrección ante una investidura no siempre respetada ni por su depositario y firmeza en defensa y proclama de distancia entre la propaganda, la información y el derecho de replicar.

“…Aquél optimismo, presidente (en cuanto a la utilidad real de las “mañaneras”, al principio de este gobierno), se ha ido, diría yo, desmoronando, primero, por la incursión de personajes singulares ajenos al periodismo, la mayoría -y todos los conocemos- a servicios de legisladores o líderes partidistas, publicistas, gestores, aspirantes a políticos de medio pelo y hasta exfuncionarios públicos acusados de corrupción que se disfrazan aquí en esta conferencia de periodistas y que sólo han venido a susurrar dulzuras…

“Segundo, por actos como el del pasado miércoles, cuando, con absoluta falta de rigor y evidente desprecio a la verdad, se aludió un texto de mi autoría titulado ‘Falsean datos de Sembrando Vida’ difundido en La Crónica de Hoy el pasado 7 de julio. De manera superficial, sin argumentos ni revisión de fondo, se le tildó de engañoso.

“…Quién es quién en las mentiras, presidente, puede ser una sección útil, y yo creo necesaria, para la discusión pública, pero está destinada a ser inservible y tendenciosa si no hay detrás personas capacitadas, al menos para analizar textos periodísticos. Hablo en específico de mi caso…”

Sin necesidad de insistir en el asunto cuya distorsión sirvió para la calumnia de la inepta comisionada presidencial para practicar una inquisición hacia los medios no alineados (se llama, creo, Ana García ) y en este caso contra el reportero de Crónica, es conveniente exponer la actidud profesional de Blancas.

“…Presidente, independientemente de mis convicciones personales y profesionales, inclinadas a impedir el retorno de los saqueadores del pasado y sus voceros pagados, la esencia más noble del periodismo sirve para denunciar deficiencias en el quehacer gubernamental, detectar retos y empujar cambios en beneficio de la gente y las finanzas públicas. Yo no tengo departamentos en el extranjero, no tengo yates ni empresas para estafar al erario, lo único que tengo es credibilidad, presidente, y la voy a defender contra viento y marea…

“…Le pido, por favor, presidente, con el corazón en la mano, que jamás se atente contra nuestra inteligencia, que jamás se atente contra nuestra pasión por el oficio y contra nuestra credibilidad…”

De esta firme argumentación destaco los conceptos finales.

Pedirle al presidente respeto a la inteligencia; demandarle distancia en cuanto a la pasión por el oficio y la credibilidad de los medios, es plausible, pero también es imposible.

La fuerza del presidente se asienta en la poca inteligencia de muchos oportunistas “fanáticos”, quienes suplen con obediencia y simulación sus escasas neuronas.

El equipo de comunicación presidencial es de cuarta, aunque se crean Savonarola.

¡Bravo, Blancas!