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En términos generales, la actividad económica en Estados Unidos sigue desafiando todos los pronósticos de recesión hechos a principios de año.

El PIB del primer trimestre tuvo un crecimiento trimestral anualizado de 2.0% y el pronóstico de crecimiento para el segundo trimestre, con base en la estimación oportuna de GDPNow publicada por la Fed de Atlanta, se ubica en 2.4 por ciento.

Con base en estos datos, el consenso de especialistas ha estado revisando al alza sus estimados de crecimiento para el 2023, de 0.4 a 1.4 por ciento.

Sin embargo, esta revisión al alza para el 2023 ha sido acompañada de un ajuste a la baja en los estimados para el 2024. De acuerdo con el consenso de estimados publicado por el Conference Board, el PIB de Estados Unidos crecería únicamente 0.1% en el 2024.

Para entender la dinámica detrás de estos ajustes y la probabilidad de que la desaceleración se agudice en los próximos 12 meses, es importante entender el desempeño de los diferentes componentes de actividad económica en las cifras del PIB.

El principal motor de crecimiento ha sido el gasto de consumo personal que a su vez ha sido impulsado por una situación muy favorable para los trabajadores en el mercado laboral.

La economía estadounidense se encuentra prácticamente en pleno empleo, a pesar de una desaceleración en la creación de empleos, el número de vacantes sigue siendo superior al número de personas desempleadas.

Esta escasez de trabajadores ha contribuido a un incremento sustancial en las remuneraciones de los trabajadores.

Los salarios promedio por hora comenzaron a registrar aumentos por arriba de la inflación desde el 2019, después de más de una década en estancamiento. Esta tendencia fue interrumpida con la llegada de la pandemia.

Sin embargo, a partir de principios de mediados del 2021, los salarios comenzaron a subir de manera acelerada, registrando aumentos anuales entre 4 y 6 por ciento.

Aunque la inflación superó estos aumentos durante todo el 2021, el 2022 y los primeros meses del 2023, a partir del mes pasado, los incrementos salariales en términos anuales se ubicaron por arriba de la inflación por primera vez desde finales del 2020.

En junio, el salario promedio por hora aumentó 4.2% con respecto a junio del 2022, mientras que la inflación anual fue de 3.0 por ciento.

Mientras que el consumo ha mantenido la actividad económica a flote, otros segmentos, como las manufacturas, llevan meses en contracción; y otros, como la construcción de vivienda han experimentado altibajos.

Aunque las cifras de construcción de vivienda en junio registraron una caída importante después de un fuerte rebote en mayo, los permisos de construcción para vivienda unifamiliar aumentaron 2.2%, registrando su nivel más alto en casi dos años.

El alza en las tasas de interés de referencia ha resultado en un fuerte incremento en los costos de las hipotecas. La tasa de la hipoteca a 30 años pasó de 2.65% a principios de 2021 a 7% actualmente.

Esta situación ha contribuido a una fuerte disminución en las ventas de vivienda existente. Nadie quiere vender su casa sabiendo que para comprar una nueva tendrá que contratar una hipoteca con un costo mucho mayor a la que tiene actualmente.

Adicionalmente, vale la pena recordar que entre el 2009 y el 2016 el desarrollo de vivienda nueva fue muy limitado mientras se absorbía parte del sobre-inventario generado en la crisis inmobiliaria del 2008-09.

En este contexto, las familias que buscan comprar una vivienda tienen como principal opción la adquisición de una vivienda nueva y los desarrolladores inmobiliarios están aumentando su inversión.

Para algunos especialistas, el impacto negativo en el PIB de una eventual desaceleración en el consumo podría ser parcialmente compensado por una recuperación en la actividad de construcción residencia.